La fijeza de la pared gris frente a sus ojos parecía absorber la escasa luz del amanecer, reduciendo el mundo a una cuadrícula de sombras inmóviles. Con la mejilla hundida en la almohada, Jimin respiraba el rastro tibio de su propio aliento, conteniendo el aire cada vez que el silencio de la casa se volvía demasiado denso. Sentía el sabor ferroso y agudo de su propio labio inferior, partido por la presión sorda de sus dientes, cuando el colchón cedió.
Fue un hundimiento lento, un peso extra y conocido que alteró la inclinación de las sábanas. Luego, el calor. Una línea de temperatura alta y ajena se pegó a su espalda, seguida por el rastro de una mano que se deslizó sin prisa bajo el dobladillo del suéter, buscando la piel desnuda de la cintura con una familiaridad técnica.
-Jiminie... -el susurro de Jungkook rozó la parte posterior de su cuello, un aire húmedo que precedió al contacto de sus labios sobre el hombro.
-Sí... -de la garganta de Jimin no salió más que un roce de cuerdas vocales, un sonido opaco que se perdió en el tejido de la colcha.
Jungkook inclinó la cabeza, obligando a que la fijeza de sus pupilas oscuras encontrara el perfil pálido del rubio en la penumbra.
-Estuve pensando en lo que hablamos anoche -continuó la voz, desprovista de urgencia, mientras el peso de su anatomía, firme y erecto, se presionaba con una lentitud deliberada contra las nalgas de Jimin.
-Jungkook... -el jadeo se le quedó atrapado a mitad del pecho, un nudo seco que le impidió vaciar los pulmones.
-Podrías buscar al padre de Han -la sugerencia llegó acompañada de una mordida suave, casi imperceptible, en el lóbulo de su oreja-. Los niños deben ser parecidos.
Al mismo tiempo, la mano de Jungkook bajó por el vientre de Jimin, asentándose allí con una presión exacta, pesada, como si estuviera midiendo la capacidad del espacio de una vasija. Jimin sintió una parálisis súbita en los tendones de las piernas. Las palabras del otro flotaban en el aire de la alcoba con la elegancia maldita de una sentencia irrevocable.
-Lo siento... -murmuró Jimin, y la disculpa supo a ceniza en su paladar.
-Entiendo que no sepas quién es -Jungkook se dejó caer de espaldas sobre el colchón, rompiendo el contacto pero manteniendo la proximidad, con los ojos fijos en las molduras del techo-. Está tu amigo... el del café.
Un frío repentino sustituyó el calor en la espalda de Jimin.
-¿Binnie?
Con un movimiento fluido, Jungkook volvió a girarse sobre el costado. Su brazo cruzó el cuerpo de Jimin, envolviéndolo por la cintura con un agarre posesivo, un nudo de carne y hueso que lo inmovilizó contra su pecho.
-¿Binnie?... Creo que tenemos facciones parecidas. Además, si es una niña, suelen sacar más de la genética de la madre -las palabras salieron con un ritmo ahogado, dictado por la cercanía de sus cuerpos, cayendo como gotas de plomo sobre la piel tensa de Jimin.
Jimin arqueó la columna de manera instintiva, atrapado en una respiración entrecortada que le hacía doler las costillas. La humillación no le llegó como un grito, sino como una marea silenciosa que le llenó los oídos. Cada roce de los dedos de Jungkook, cada inflexión de su voz desapasionada calculando facciones y herencias, operaba como un inventario de los cuerpos que habían cruzado su vida. Pero debajo del espasmo de asco, en el fondo de su estómago, una vibración distinta y oscura -una mezcla de curiosidad prohibida y una ansiedad que le aceleraba el pulso- lo obligaba a permanecer estático, doblegado bajo el peso de esa mirada que lo reducía a una propiedad utilitaria.
-Jungkook... -susurró, y el nombre sonó como una súplica entregada a medias.
-Debemos resolver esto lo antes posible -respondió el más alto.
ESTÁS LEYENDO
La Cita (Finalizado)
FanfictionJungkook lo entregó todo. Su apellido. Su fortuna. Su lealtad. Su amor. Pero hay algo que jamás pudo conseguir de Jimin: su corazón. Atrapado en un matrimonio que nunca eligió, Jimin aprendió a cumplir con lo esperado. Hasta que una cita secreta, un...
