El dolor cedió un poco, dejando detrás una sensación incómoda, pesada, como un aviso sordo que latía en el fondo de su vientre.
Jimin apagó el grifo de la ducha. El vapor espeso y caliente quedó suspendido en el baño, empañando el espejo hasta borrar su reflejo. Se envolvió en una toalla áspera y salió al dormitorio con una lentitud que le costaba admitir. Cada movimiento de su cuerpo parecía exigirle un tributo de energía que ya no tenía. Se dejó caer en el borde del colchón, con los hombros vencidos y la cabeza gacha, contemplando el suelo de madera. Había estado habitando esa casa en un limbo absoluto durante los últimos siete días, arrastrando una fatiga que se le pegaba a los huesos. Se vistió con lo primero que encontró: una camiseta amplia de algodón y unos pantalones finos, ropa ligera que acentuaba la delgadez de su silueta, pero su cuerpo simplemente no respondía como esperaba. Sentía una debilidad líquida recorriéndole las venas.
Fue entonces cuando la casa entera se estremeció.
La puerta principal de la mansión se abrió con un golpe violento que retumbó en los cimientos de piedra. El sonido seco del impacto viajó por los pasillos vacíos como una sacudida eléctrica. Luego, unos pasos firmes, rápidos y carentes de vacilación comenzaron a cruzar el vestíbulo, aproximándose a la escalera.
Jungkook había vuelto. No como una visita silenciosa, ni como una advertencia a medias. Llegó como un huracán de frío.
Había salido de las oficinas de la corporación Jeon mucho antes de lo previsto, abandonando los despachos acristalados como quien huye de un territorio contaminado. Durante toda la semana, el edificio familiar, que siempre había sido el templo de su control, se le había vuelto un espacio hostil, asfixiante. Las miradas discretas de los empleados, los silencios cargados en las salas de juntas, los murmullos que se interrumpían abruptamente a su paso... todo se le había adherido a la piel como una sustancia grasienta e imposible de lavar. No podía respirar allí, pero tampoco lograba conciliar el sueño en el estéril departamento de un ambiente que había alquilado en el centro de Seúl, donde el zumbido del refrigerador parecía repetirle la misma farsa una y otra vez.
El automóvil apenas se había detenido frente a la entrada cuando Jungkook ya había bajado, dejando atrás al chofer. Caminó hacia la casa con pasos largos y tensos. Su único objetivo al cruzar el umbral era encontrar a Jimin. No para discutir, no para pedir explicaciones que solo prolongarían el tormento, sino para imponer orden. Para trazar límites definitivos con la precisión de un cirujano.
Subió las escaleras de dos en dos, con la mandíbula apretada y la respiración contenida. Al llegar al ala privada, giró hacia la alcoba principal y empujó la hoja de madera con brusquedad.
El enojo que le inflamaba el pecho lo abandonó de golpe.
Jimin estaba sentado en el borde de la cama. No estaba de pie esperándolo, ni llevaba puesta la máscara dócil de todos los días. Se veía pequeño, desgastado, con la camiseta holgada cayendo sobre sus hombros pálidos. La vulnerabilidad física de su esposo era tan real, tan desprovista de artificio, que el aire se congeló entre ambos. Durante un segundo que pareció dilatarse en el tiempo, Jungkook no supo qué hacer con la violencia de su propia entrada.
Sostuvo la mirada de Jimin, registrando la palidez de sus mejillas, pero la rigidez del apellido Jeon acudió de inmediato a rescatarlo. Con un movimiento frío y deliberado, Jungkook desvió la vista, ignorando el estado del otro. Cruzó la habitación hacia el vestidor principal sin pronunciar palabra. Sus dedos, entumecidos por la tensión, seleccionaron de las perchas su mejor traje de lana gris de tres piezas. Su armadura para la noche.
Con la prenda sujeta con firmeza, Jungkook abandonó la alcoba y bajó las escaleras con el mismo paso cortante.
Jimin, tragándose el dolor físico y la humillación de haber sido ignorado, se levantó de la cama. Se obligó a enderezar la espalda y bajó detrás de él, buscando el refugio de la cocina, donde el calor del hogar solía concentrarse a esa hora de la tarde.
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La Cita (Finalizado)
FanfictionJungkook lo entregó todo. Su apellido. Su fortuna. Su lealtad. Su amor. Pero hay algo que jamás pudo conseguir de Jimin: su corazón. Atrapado en un matrimonio que nunca eligió, Jimin aprendió a cumplir con lo esperado. Hasta que una cita secreta, un...
