la joya robada

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Taehyung no llegó a cruzar la calle. El amago fue breve, apenas un par de pasos infantiles sobre el asfalto, pero el peligro de ser descubiertos vibró en el aire con la fuerza de un cable de alta tensión. Jungkook había levantado la vista hacia la vidriera por un milisegundo, obligando a Jimin a retroceder de golpe, con el corazón golpeándole las costillas. Fue ese instante de pánico puro lo que terminó de quebrar la poca cordura que le quedaba al rubio.

Mientras Taehyung se reía de espaldas, celebrando el susto y disfrutando de la pequeña anarquía que acababa de causar, Jimin se deslizó hacia la puerta del conductor del coche. Las llaves seguían puestas en el tablero, un descuido imperdonable de Kim. El motor, que regulaba en silencio, rugió con violencia cuando Jimin hundió el pie en el acelerador sin esperar a que su amigo reaccionara.

-¡Jimin! -el grito de Taehyung se ahogó en una nube de humo de escape.

El rubio ni se mutó; no se detuvo. El auto de Jungkook picó en reversa y luego se incorporó a la avenida con un chirrido de neumáticos salvaje. Frente al negocio de los parkings, a esa hora de la tarde, Jimin se acababa de llevar uno de los coleccionables más preciados de Jungkook, perdiéndose a toda velocidad entre el tráfico.

Al escuchar el motor del auto rechinar de esa manera sobre el asfalto y ver cómo el vehículo giraba bruscamente hacia la calle, Jeon Jungkook se alertó desde el interior del café y se giró por completo hacia el ventanal.

Al ver el movimiento de su jefe, Taehyung reaccionó por puro instinto de supervivencia y dio un salto limpio tras un contenedor de basura de la acera. Agazapado allí, con el corazón latiéndole en la garganta, observó de reojo cómo el auto se perdía definitivamente en la distancia. Aquello no podía ser cierto.

Taehyung esperó unos instantes, conteniendo la respiración, hasta que el revuelo por el ruido disminuyó dentro del local y vio a Jungkook y a su acompañante alejarse del vidrio, desapareciendo de nuevo en el fondo de la cafetería.

Solo entonces, Kim salió de su escondite. Caminó hacia la vereda de enfrente con paso firme, acomodándose la gabardina, mientras una sonrisa traviesa y algo cínica se le dibujaba en el rostro. Se detuvo un segundo frente al vidrio de un local, viendo su propio reflejo en el espejo, y se regañó a sí mismo a media voz:

-¡La jodiste! -murmuró, divertido-. Pero no serías un yo si no metieras la pata, ¿cierto? Además, Minnie se merece una lección.

El rechinar de la puerta de un negocio cercano lo devolvió a la realidad. Observó por encima del hombro, atento a cada movimiento de la calle, saboreando el caos que acababa de desatarse. Exhaló un suspiro largo que se transformó en vaho blanco por el frío de la tarde y metió las manos en los bolsillos mientras buscaba con la mirada el techo luminoso de un taxi libre.

-Esta vez me pasé -masculló para sí mismo-. Pero se lo merecía. El muy maldito se lo merecía.y ahora como volveré

El interior del taxi olía a una mezcla rancia de tabaco viejo, tapicería gastada y el aroma artificial de un desinfectante de pino que pretendía, sin éxito, enmascarar la humedad del invierno. Taehyung apoyó la sien contra el cristal frío y empañado de la ventanilla, dejando que las luces borrosas de la avenida le tiñeran los ojos de un amarillo intermitente. Afuera, la ciudad se desdibujaba como un lienzo de tinta corrida bajo la llovizna implacable; adentro, el zumbido monótono del motor y el chasquido rítmico, casi quirúrgico, del taxímetro perforaban el silencio como una cuenta regresiva.

Cada golpe metálico del aparato se sentía en su propio cuerpo: un nudo sordo en la boca del estómago, una rigidez en la nuca que le bajaba por la columna. Tenía las manos heladas, sepultadas en los bolsillos de la gabardina, apretadas en puños tan firmes que las uñas alcanzaban a lastimarle las palmas.

La Cita (Finalizado) Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora