Octubre se instaló en Londres con la obstinación de una dolencia larga. Las hojas de los castaños se amontonaban en las aceras de Kensington, degradándose hasta convertirse en una pulpa oscura y resbaladiza bajo las suelas de los transeúntes. La llovizna no caía; flotaba en el aire como un vaho denso, demasiado sutil para exigir un paraguas pero lo bastante tenaz como para calar el paño de los abrigos. Para cuando Jungkook abandonaba el edificio de la firma, la noche ya había devorado los perfiles de la ciudad.
Catorce días habían transcurrido desde la conversación con Taehyung. Jungkook no llevaba la cuenta en un registro físico, pero la cifra aparecía nítida detrás de sus párpados cada vez que la luz del dispositivo rompía la penumbra del dormitorio antes del amanecer, o cuando sus dedos buscaban el metal frío en el bolsillo durante las pausas del tránsito. No hubo mensajes de texto. Ninguna notificación perdida en la pantalla. Solo el vacío de la señal cruzando el océano.
La espera se había mudado a su cuerpo como un parásito doméstico. Se manifestaba en la fijeza con la que miraba el aparato apagado junto a su copa durante las cenas de negocios, ignorando el murmullo de los ejecutivos que discutían fusiones y dividendos a su alrededor. Su mente intentaba reducir el conflicto a un término contable: no era Jimin lo que buscaba, sino la necesidad de clausurar una ecuación cuya resolución había quedado trunca. Si el piso de la calle residencial estaba vacío, el inventario se cerraba definitivamente. Lo inquietante era la rigidez con la que sus músculos se tensaban ante la posibilidad de que no fuera así.
Una noche, mientras el agua continuaba rayando el gran ventanal del penthouse, un recuerdo de precisión casi fotográfica le cruzó el pecho. Jimin odiaba octubre. No por la caída de las hojas, sino por la humedad que se asentaba en Seúl durante el cambio de estación. Solía repetir que ese aire sucio se le metía directamente en los pulmones, y pasaba los días recorriendo la casa para clausurar las ventanas que Jungkook insistía en dejar abiertas, arrastrando una manta de lana pesada mientras protestaba entre dientes.
Jungkook apartó la vista del cristal, sintiendo una sequedad repentina en la garganta. Dio un sorbo prolongado; el vino, ya tibio por el ambiente, le dejó un regusto áspero, casi de ceniza, en la lengua. Hacía diez meses que aquel cuerpo y sus pequeñas batallas climáticas habían dejado de pertenecerle.
Justo entonces, el dispositivo sobre la mesa auxiliar emitió un zumbido seco. La vibración contra la madera resonó en la inmensidad de la sala como una detonación pequeña. Una sacudida violenta le golpeó las costillas, acelerando su pulso con una inmediatez tan brutal que Jungkook comprendió, antes de que sus ojos alcanzaran a leer el remitente en la pantalla, que toda su disciplina y sus balances trimestrales no habían sido más que un simulacro para tolerar la espera.
La respuesta llegó cinco días después. Cinco días de una llovizna fina y constante que flotaba sobre Londres, impregnando el abrigo de Jungkook con un olor espeso a lana húmeda y asfalto frío. Al cruzar el umbral del apartamento, el silencio lo recibió con la rigidez de una campana de vidrio. Dejó las llaves sobre la mesa de la entrada; el metal resonó contra la madera con un eco demasiado nítido, casi obsceno en la inmensidad de la sala penumbrosa.
Se desabrochó los botones superiores, sintiendo los dedos torpes, endurecidos por el frío que subía desde el río. Fue en ese instante, mientras apartaba la tela pesada del cuello, cuando el teléfono vibró en el bolsillo interior de su chaqueta, directamente contra el pecho. El pulso eléctrico le recorrió la piel antes de que pudiera prepararse.
La pantalla iluminó sus manos. Era el nombre de Taehyung.
Jungkook presionó el cristal contra su oído sin quitarse el abrigo, atrapado en la penumbra del recibidor.
-¿Fuiste?
La línea internacional trajo un siseo de estática remota, un oleaje vacío que parecía medir la distancia entre los dos continentes. Al otro lado, la voz de Taehyung llegó amortiguada, arrastrando el rumor lejano de la ciudad.
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La Cita (Finalizado)
FanfictionJungkook lo entregó todo. Su apellido. Su fortuna. Su lealtad. Su amor. Pero hay algo que jamás pudo conseguir de Jimin: su corazón. Atrapado en un matrimonio que nunca eligió, Jimin aprendió a cumplir con lo esperado. Hasta que una cita secreta, un...
