El despertar no fue un alivio, sino una intromisión. La luz de la mañana, filtrándose a través de las cortinas de seda pesada, caía sobre el suelo con una precisión quirúrgica, revelando motas de polvo que danzaban en la inmovilidad del aire. Jungkook abrió los ojos y el primer síntoma no fue el pensamiento, sino una rigidez férrea en la base del cráneo, una tensión que le tironeaba de los hombros hacia abajo, como si cargara el peso muerto de la noche anterior.
Tenía el paladar áspero, con el regusto metálico de una derrota que le sabía a bilis y a ceniza. Se incorporó con lentitud, sintiendo cómo sus músculos, contraídos por una vigilia defensiva, protestaban en cada articulación. El lecho, inmenso y pulcro, se le antojó un escenario profanado. Allí, entre las sábanas, todavía flotaba el eco de una respiración que no era la suya, una huella invisible que lo perseguía como una obsesión.
Se vistió con la parsimonia de quien ejecuta un ritual que desprecia. Cada botón de la camisa le exigía una concentración excesiva; sus dedos, por momentos, se sentían torpes, ajenos. La casa, en ese silencio de primera hora, no era un hogar, sino un mausoleo que reclamaba su tributo de soledad.
Encontró a Taehyung en la cocina. El asistente no levantó la vista al oír sus pasos; el sonido rítmico de una cuchara contra la porcelana de una taza era el único metrónomo en aquel ambiente viciado. Taehyung se movía con una familiaridad que, de repente, Jungkook sintió como una invasión.
-tu madre te pondrá un cinturón de castidad si se entera que se metiste en la cama de jimin-advirtio el castaño mientras ponía manteca a una tostada
-¿Tienes idea de lo fácil que es para mí despedirte cuando te pones de impertinente? -soltó Jungkook. Su voz sonó extraña, como un instrumento desafinado, áspera por el desuso y la bilis.
Taehyung dejó la cuchara. El tintineo final vibró en la estancia, cortante. No se giró de inmediato, permitiendo que el silencio se estirara, se volviera denso, casi irrespirable. Cuando finalmente lo hizo, sus ojos no buscaban aprobación ni temor; simplemente lo diseccionaban.
-No me importa -respondió Taehyung, con una calma que le quemó la piel a Jungkook
-los oí anoche kook no eres como se dice?, discretro
-sacudios sus manos de migajas inexistentes
-no sabía que eras de esos fetichistas que les gusta oír tras las puertas -jungkook entrecerró los ojos observando la sonrisa de su asistente
-. Alguien tenía que cuidar a tu hijo anoche mientras tú descargabas tus celos de macho alfa en la alcoba. ¿Y quien crees que fue?
Jungkook sintió que la sangre le subía a las sienes, un calor punzante que le nublaba la visión. Cerró la mano con fuerza, clavando las uñas en la palma, buscando un dolor físico que anclara su furia.
-No hubo intimidad -replicó, con una frialdad matemática-. Solo fui a decirle que el bodoque dormía en mi habitación,su aroma a leche me produce náuseas . Nada más.
La risa de Taehyung fue un sonido seco, desprovisto de alegría, una burla que le arañó la nuca.
-Llámalo como quieras, Jeon. Pero te ves patético cuando intentas convencerte de tus propias mentiras
Jungkook no respondió. Cualquier palabra hubiera sido una capitulación, una grieta en la muralla que había erigido durante años. El estómago le dio un vuelco, un vacío insondable, pero el hambre le resultaba una debilidad inaceptable. El olor del café recién hecho, que normalmente le habría resultado reconfortante, le provocó una náusea repentina.
Dio media vuelta y salió de la estancia.
Cada paso hacia el despacho le recordaba la dureza de la estructura que él mismo había construido. El mármol bajo sus zapatos resonaba con una frialdad que le subía por las piernas, un recordatorio de que no había lugar en esas paredes donde pudiera ocultarse de sí mismo.
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La Cita (Finalizado)
FanfictionJungkook lo entregó todo. Su apellido. Su fortuna. Su lealtad. Su amor. Pero hay algo que jamás pudo conseguir de Jimin: su corazón. Atrapado en un matrimonio que nunca eligió, Jimin aprendió a cumplir con lo esperado. Hasta que una cita secreta, un...
