La duda no le nacía en la cabeza; se le metía por los poros como una humedad rancia. Era esa sensación pegajosa que se asienta en la nuca y debajo de las costillas, una sombra que al principio se puede ignorar hasta que el aire de la habitación se vuelve denso y cuesta tragar.
Jimin conocía esa pesantez en la carne. Era el mismo sudor frío, la misma rigidez en la mandíbula que sentía su propio cuerpo cada vez que guardaba un secreto.
Parpadeaba con lentitud, sintiendo los párpados pesados. Repasaba los últimos días una y otra vez: la inclinación del cuello de Jungkook al entrar, el peso de sus pasos en el pasillo, la forma en que sus dedos habían esquivado el borde de la mesa. Quería encontrar una grieta, un hilo del cual tirar para sacarse esa opresión del pecho y volver a respirar. Pero cada recuerdo que escarbaba solo le dejaba las yemas de los dedos frías y la garganta áspera.
La cena era ya un montón de restos abandonados.
Sobre el cristal de la mesa, los charcos de cera blanca se habían solidificado. El puré de verduras de Han se volvía una costra seca en las mejillas redondas del niño, que se llevaba los puños a la boca tras haberse cansado de pelear con la comida.
A Jimin se le estructuró en el rostro una sonrisa débil. Un movimiento mecánico de los labios, un hábito del rostro que se ejecutaba sin que la mente tuviera nada que ver.
Han percutía la cuchara de plástico contra la bandeja. El chasquido seco y metálico le rebotaba a Jimin detrás de los ojos como un alfiler. Y enfrente estaba Jungkook. O la cáscara de Jungkook. Mantenía los ojos fijos en el borde del plato, inmóvil, con una presencia tan ausente que a Jimin se le erizaba la piel del antebrazo.
-Necesito bañarme -dijo de pronto.
La frase no tuvo fuerza, pero a Jimin le provocó una punzada seca en el estómago.
Jungkook ya estaba de pie. Jimin levantó la cabeza, buscando desesperadamente en sus rasgos un gesto familiar: la tensión en los molares que delataba su rabia, la mirada esquiva del cansancio, el pliegue entre las cejas cuando algo le dolía. No había nada. Solo un rostro liso, opaco, inaccesible.
Siguió con la mirada cómo subía. Un escalón. El crujido leve de la madera. Otro. La sombra alta desapareciendo en el descanso del segundo piso.
Solo cuando el sonido de las pisadas se extinguió arriba, Jimin sintió que el pecho le cedía en un espasmo: llevaba casi un minuto sin dejar entrar el aire. Se tocó la garganta con la punta de los dedos, sintiendo el pulso acelerado debajo de la piel.
Taehyung continuaba sentado al costado. Sus ojos iban de la penumbra de la escalera al plato sucio del bebé, donde una mancha verde destacaba sobre la manga del pijama.
-Jungkook no suele ponerse así -murmuró Taehyung.
A Jimin le subió una marea caliente por el cuello.
-Porque está mintiendo -dijo, y la voz le salió tan fina que pareció un silbido.
Taehyung cerró los ojos despacio. Fue un movimiento pesado, lleno de un cansancio denso que a Jimin le apretó el corazón.
-Minnie...
-No me digas que no lo ves -siseó Jimin. Sus dedos apretaron el tallo de la copa con tanta fuerza que las uñas se le pusieron blancas. El cristal le helaba la yema de los dedos-La forma en que se fue. La manera en que evita mirarme. Algo está pasando.
-Por favor, no empieces otra vez.
Jimin tomó otro plato
-Claro que está mintiendo.
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La Cita (Finalizado)
FanfictionJungkook lo entregó todo. Su apellido. Su fortuna. Su lealtad. Su amor. Pero hay algo que jamás pudo conseguir de Jimin: su corazón. Atrapado en un matrimonio que nunca eligió, Jimin aprendió a cumplir con lo esperado. Hasta que una cita secreta, un...
