La luz de la mañana no entró en la suite principal; se desplomó sobre ella con la fijeza geométrica de un cuadro demasiado expuesto. El sol se filtraba oblicuo por los ventanales altos, dibujando líneas doradas que cortaban la penumbra densa del cuarto. Las cortinas de seda pesada se mecían apenas, empujadas por un viento helado que se colaba por la rendija del balcón, arrastrando un olor rancio a tierra húmeda y hojas caídas del jardín que moría abajo.
Jungkook yacía boca abajo, sepultado en mitad de la inmensidad del colchón. La anchura de su espalda desnuda emergía de las colchas como una topografía de músculos anudados, rígidos por una vigilia que el sueño no había logrado disolver. Tenía los brazos hundidos bajo la almohada y el rostro enterrado en la tela, respirando su propio aire caliente, atrapado en un nicho de plumas. Ninguna cama de esa mansión le pertenecía verdaderamente; el exceso de hilos del algodón egipcio no amortiguaba la punzada sorda que le cruzaba la base del cráneo desde la medianoche.
Tres golpes secos, espaciados con una regularidad matemática, vibraron en la madera de la puerta. El sonido viajó por el suelo flotante hasta instalarse en sus sienes.
Jungkook se restregó la cara con las palmas secas, sintiendo el raspón de la barba incipiente contra la piel sensible de las manos. Inhaló el aire climatizado, denso y artificial, antes de liberar una voz ronca que le dolió en la garganta reseca:
-Te escuché, Kim. No eres mi maldita madre.
-Tu madre me paga para que seas un maldito hijo puntual -devolvió la voz de Taehyung desde el pasillo, filtrada por el grosor del roble, desprovista de cualquier matiz de obediencia-. Muévete, Jeon. El chofer estará abajo en una hora.
-Vete al diablo.
Jungkook se incorporó de golpe, sintiendo un zumbido breve detrás de los ojos. Su cuerpo reaccionó antes que su mente: estiró el brazo hacia la bata de seda oscura que colgaba de la silla, se la cruzó sobre el torso sin ajustar el lazo y salió al pasillo descalzo. El impacto del mármol frío contra las plantas de sus pies fue una descarga que le devolvió el eje.
El ala opuesta de la casa lo recibió con un silencio que parecía ensayado. Se detuvo frente a la habitación de Jimin. La puerta estaba entornada, apenas un hilo de oscuridad que invitaba a mirar. Al empujarla, la estructura de piedra y cristal se alzó frente a él como un monumento al deshabitar. La cama vacía se veía imponente, simétrica y, sobre todo, muerta.
El cuarto estaba intacto. Las colchas de lino gris se encontraban estiradas con una precisión de quirófano que le revolvió el estómago; esa perfección delataba que Jimin no había desacomodado los hilos ni un solo minuto de la noche. Jungkook avanzó, arrastrando los pies en un andar errático, hasta detenerse al borde de la cama. Se inclinó sobre la almohada principal, cerrando los ojos de golpe, forzando a sus pulmones a buscar el rastro del aroma a fresas silvestres y jabón barato que lo había desarmado en el restaurante. Nada. No había calor residual, no había humedad. Solo el olor neutro de la lavandería industrial y el fondo amargo del desinfectante de superficies.
-¡Jimin! -soltó hacia el techo, pero la acústica perfecta de las maderas nobles absorbió el nombre, devolviéndole únicamente el eco menguante de su propia respiración.
Recorrió los ángulos del cuarto como un animal que desconoce los límites de su jaula. Sus pasos descalzos producían un chasquido húmedo e innecesario sobre el suelo pulido. Al abrir el vestidor, las perchas vacías se balancearon con el viento del pasillo; la ausencia de la mochila de lona gastada fue un dato que su mente registró con la frialdad de un balance contable.
Salió de allí pasándose los dedos por el cabello desordenado, deshaciendo los últimos nudos que la laca de la cena mantenía rígidos, y bajó las escaleras de mármol hacia la planta baja. Su pecho se contraía en una respiración corta, buscando convencerse de que el rubio simplemente se había levantado antes del amanecer, que el sonido de sus pasos ya de por sí ligeros andaría por la cocina, ganándose el sueldo del que hablaba con tanto orgullo.
ESTÁS LEYENDO
La Cita (Finalizado)
FanfictionJungkook lo entregó todo. Su apellido. Su fortuna. Su lealtad. Su amor. Pero hay algo que jamás pudo conseguir de Jimin: su corazón. Atrapado en un matrimonio que nunca eligió, Jimin aprendió a cumplir con lo esperado. Hasta que una cita secreta, un...
