Es agradable sentir el abrazo sincero de un amigo. Son tantos año sin verle y continúa alegre y fraternal como siempre, demostrando que el tiempo no alteró nada entre nosotros... Deshacemos el cálido saludo de bienvenida y veo que sus ojos se han colmado de lágrimas igual que los míos. Sigue siendo el José que dejé cuatro años atrás, risueño, simpático, de apariencia pulcra y juvenil, pero a la vez hay algo distinto en él, ya no es un muchacho, es un hombre.
—Valería, por San Pateto, qué hermosa estás. Yo me apunto en tu lista de pretendientes, así sea para besar el piso por donde caminas—. Suelta con su típica jocosidad mirandome de cuerpo entero.
—Ay, José, tú y tus cosas—. Exclamo ruborizada de pie a cabezas, hasta me arden las mejillas. Fuera de su exagerado comentario es agradable estar en contacto con su buen humor, tan contagiante y necesario en este momento, agradezco mucho el verle.
—No te hagas la modesta, picarona. Mirate, eres una mujer exuberante. Ya entiendo por qué esté parece un anima en pena, arrastrando su alma por doquier, se le escapó tremendo mujeron—. Esgrime su impertinencia señalando con el mentón a Alejandro. Él resopla tras escucharle y yo pestañeo avergonzada al enterarme que somos la comidilla del supermarket, pues si José menciona que Alejandro está despechado por mí, es porque lo comenta con los demás.
—Vamos, vamos, no seas confianzudo que la agobias—. Alejandro le reclama con Augusto durmiendo sobre su hombro.
—¡Chito, que usted perdió todo derecho a reclamo! —Replica mirando a su jefe, luego me guiña un ojo. Había olvidado que José no tiene pelos en la lengua.
—¡Muchacho del demonio! —Alejandro gruñe entre dientes fulminándolo con la mirada. Estos dos no cambian.
—José, te extrañé mucho—. Me cuelgo de su cuello para acabar con la discusión.
—Causo un efecto difícil de olvidar en las mujeres—. Se jacta el muy presumido.
—Si, las asusta y luego no quieren ni verte en pintura—. Raúl interviene acercándose con los demás.
—Ajá. Bien dicho—. Alejandro se complace que alguien ponga al descarado en su lugar.
Me separo de mi amigo para saludar a mi gente como Dios manda. Uno a uno se acercan dando muestra de cariño, los regreso conmovida. Cada quien, a su modo me dan un breve repaso de su vida. Me entero que José se ganó el puesto de gerente de esta sucursal, al graduarse de Administrador. Lo felicito por sus logros, estaba segura que llegaría lejos, y él me recuerda que tengo mucho que ver en su progreso. Mis ojos se vuelven a humedecer al recordar cuando estudiábamos juntos. Duarte es jefe de depósito de ambas tiendas y tiene a su cargo supervisar al personal de esa área. Aplaudo feliz la noticia. Su ascenso es producto de su constancia y responsabilidad. La señora Amanda por su parte tiene su primer nieto y está feliz con su nuevo rol de abuela. Raúl es jefe de transporte, y su pecho se infla orgulloso al contarme. La mayor sorpresa es que el sr. Rogelio se jubiló. Al oír que tienen un fondo de pensión miro a Alejandro impresionada.
—¿Tienes un plan de jubilaciones? —Le pregunto directamente en medio del asombro.
Él sonríe afirmando levemente en respuesta. Mi corazón se esponja de orgullo y satisfacción con su generosidad. Ese beneficio es trascendental para la vida de su empelados. Es un justo retiro en la vejez que proporciona seguridad económica, además en materia financiera, conozco perfectamente el impacto que ejerce sobre cualquier empresa.
—No ha sido fácil, pero me parece que era lo más justo, sobre todo cuando gracias a la ayuda de mis leales trabajadores, he consigo alcanzar mis sueños—. Responde con humildad y suscita mi admiración. Siempre he sabido de su buen corazón, pero que reconozca la lealtad de las personas que trabajan con él de este modo tan reivindicativo, supera cualquier acto de bondad.
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Cuando Tenga Alas ©
Storie d'AmoreTú eres quien decide lo alto que quieres volar. Nadie puede hacerlo por ti. Valería: Quien todo lo tiene en medio de una gran soledad. Alejandro: Quien tiene mucho que perder y nada que arriesgar. Lo que parece imposible se convierte en realidad...
