El torneo de los tres magos

1.5K 81 89
                                        

Narradora en la depresión:

Los carruajes atraviesa las verjas flanqueadas por estatuas de cerdos alados y luego avanza por el ancho camino, balanceándose peligrosamente bajo lo que empezaba a convertirse en un temporal. Pegando la cara a la ventanilla, Harry puede ver cada vez más próximo el castillo de Hogwarts, con sus numerosos ventanales iluminados reluciendo borrosamente tras la cortina de lluvia. Los rayos cruzan el cielo cuando su carruaje se detuvo ante la gran puerta principal de roble, que se alza al final de una breve escalinata de piedra. Los que ocupan los carruajes de delante corren ya subiendo los escalones para entrar en el castillo. También Harry, __________, Ron, Hermione y Neville saltan del carruaje y suben la escalinata a toda prisa, y sólo levanta la vista cuando se encuentra a cubierto en el interior del cavernoso vestíbulo alumbrado con antorchas y ante la majestuosa escalinata de mármol.

Ron: ¡Caray! —exclama, sacudiendo la cabeza y poniéndolo todo perdido de agua—. Si esto sigue así, va a terminar desbordándose el lago. Estoy empapado... ¡Ay!

Un globo grande y rojo lleno de agua acaba de estallarle en la cabeza.

Empapado y farfullando de indignación, Ron se tambalea y cae contra Harry, al mismo tiempo que un segundo globo lleno de agua caía... rozando a Hermione y ________. Estalla a los pies de Harry, y una ola de agua fría le moja las zapatillas y los calcetines. A su alrededor, todos chillan y se empujan en un intento de huir de la línea de fuego.

Harry levanta la vista y ve , flotando a seis o siete metros por encima de ellos, a Peeves. Su cara, ancha y maliciosa, estaba contraída por la concentración mientras se preparaba para apuntar a un nuevo blanco.

xx: ¡PEEVES! —grita una voz irritada—. ¡Peeves, baja aquí AHORA MISMO!

Acaba de entrar apresuradamente desde el Gran Comedor la profesora McGonagall. Resbala en el suelo mojado y para no caerse tuvo que agarrarse al cuello de Hermione.

McGonagall: ¡Ay! Perdón, señorita Granger.

Hermione: ¡No se preocupe, profesora! —dice jadeando y frotándose la garganta.

_________: ¿Segura qué estas bien?—pregunta mientras observa la garganta de su amiga—.

Hermione: Si, lo voy a estar.

McGonagall: ¡Peeves, baja aquí AHORA! —brama, enderezando su sombrero puntiagudo y mirando hacía arriba a través de sus gafas de montura cuadrada.

Peeves: ¡No estoy haciendo nada! —contesta entre risas, arrojando un nuevo globo lleno de agua a varias chicas de quinto, que gritan y corren hacía el Gran Comedor—. ¿No estaban ya mojadas? ¡Esto son unos chorritos! ¡Ja, ja, ja! —Y dirige otro globo hacía un grupo de segundo curso que acaban de llegar.

McGonagall: ¡Llamaré al director! —grita—. Te lo advierto, Peeves...

Peeves le saca la lengua, tira al aire los últimos globos y sale zumbando escaleras arriba, riéndose como loco.

McGonagall: ¡Bueno, vamos! —ordena bruscamente a la empapada multitud—. ¡Vamos, al Gran Comedor!

Harry, Ron y Hermione cruzaron el vestíbulo entre resbalones y atravesaron la puerta doble de la derecha. Ron murmuraba entre dientes y se apartaba el pelo empapado de la cara.

El Gran Comedor, decorado para el banquete de comienzo de curso, tiene un aspecto tan espléndido como de costumbre, y el ambiente es mucho más cálido que en el vestíbulo. A la luz de cientos y cientos de velas que flotan en el aire sobre las mesas, brillaban las copas y los platos de oro. Las cuatro largas mesas pertenecen a las casas estaban abarrotadas de alumnos que charlaban. 

Siempre a tu lado (Harry Potter y tu)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora