Narra Harry:
Permanezco sentado, consciente de que todos cuantos están en el Gran Comedor nos miran a ____________ y a mí. Me siente aturdido, atontado. Debo de estar soñando. O no he oído bien.
Nadie aplaude. Un zumbido como de abejas enfurecidas comienza a llenar el salón. Algunos alumnos se levantan para vernos mejor, seguimos inmóviles, sentado en nuestros sitios.
En la mesa de los profesores, la profesora McGonagall se levanta y se acerca a Dumbledore, con el que cuchichea impetuosamente. El profesor Dumbledore inclina hacia ella la cabeza, frunciendo un poco el entrecejo.
Stefan y Damon he igual se acercan a Dumbledore con unas expresiones de preocupación, tristesa, y más que todo miedo.
Me volteo hacia Ron y Hermione. Más allá de ellos, veo que todos los demás ocupantes de la larga mesa de Gryffindor nos miran con la boca abierta.
Harry: Yo no puse mi nombre—digo, totalmente confuso—.
_________: Ni yo. Ustedes muy bien lo saben.
Uno y otro nos devovemos la misma mirada de aturdimiento.
En la mesa de los profesores, Dumbledore se orgía he hace un gesto afirmativo a la profesora McGonagall.
Dumbledore: ¡Harry Potter!, ¡________ Salvatore!—llama—.¡Harry!, ¡________! ¡Levantense y vengan aquí, por favor!
Hermione: Vamos— nos susurra, dandonos un leve empujón.
Nos ponemos en pie, me pisó el dobladillo de la túnica y me tambaleó un poco. Avanzamos por el hueco que hay entre las mesas de Gryffindor y Hufflepuff. Le parece un camino larguísimo. La mesa de los profesores no parecía hallarse más cerca aunque caminemos hacia ella, y noto la mirada de cientos y cientos de ojos, como si cada uno de ellos fuera un reflector. El zumbido se hace cada vez más fuerte. Después de lo que me pareció una hora, nos hayamos delante de Dumbledore y notó las miradas de todos los profesores.
Dumbledore: Bueno... crucen la puerta... —dice, sin sonreír.
Pasamos por la mesa de profesores. Hagrid, sentado justo en un extremo, no nos guiña un ojo, ni levanta la mano, ni hace ninguna de sus habituales señas de saludo. Parece completamente aturdido y, al pasar, nos mira como hacían todos los demás. Salimos del Gran Comedor y nos encontramos en una sala más pequeña, decorada con retratos de brujos y brujas.
Harry: ¿Qué crees que nos vaya a pasar?—le pregunto a ___________—.
___________: No lo sé, pero esto es solo un error—suspira—. Nosotros no metimos nuestros nombres y lo importante es que nosotros sabemos eso.
Delante de nosotros, en la chimenea, crepita un fuego acogedor.
Entramos, las caras de los retratados se vuelven hacia nosotros. Veo que una bruja con el rostro lleno de arrugas sale precipitadamente de los límites de su marco y se va al cuadro vecino, que es el retrato de un mago con bigotes de foca. La bruja del rostro arrugado empieza a susurrarle algo al oído.
Viktor Krum, Cedric Diggory y Fleur Delacour están junto a la chimenea.
Con sus siluetas recortadas contra las llamas, tienen un aspecto curiosamente imponente. Krum, cabizbajo y siniestro, se apoya en la repisa de la chimenea, ligeramente separado de los otros dos. Cedric, de pie con las manos a la espalda, observa el fuego. Fleur Delacour los mira cuando entran y vuelve a echarse para atrás su largo pelo plateado.
Fleur: ¿Qué pasa? —pregunta—. ¿«Quieguen» que volvamos al «comedog»?
No se cómo explicar lo que acaba de suceder. Nos quedamos allí quieto, mirando a los tres campeones, me sorprendo de lo altos que parecen.
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Siempre a tu lado (Harry Potter y tu)
FanfictionLa vida de una Salvatore no es para nada fácil sobre todo con un pasado familiar que siempre te atormentara, más que nada en el ámbito de que muchos van a buscar la manera de querer matarte, y sin embargo el tener un lugar tan protegido como es Hog...
