Narra desconocido/a:
Regresamos a casa con mucha decepción cargada en mis hombros, aviento mi chaqueta de cuero a una parte de la sala grande y empiezo a tomar copas de alcohol, y envolver todo mi dolor en el liquido... sigo aún me duele todo lo que ha pasado estos días, he perdido a dos personas que significan demasiado en mi vida como soy, y ahora no los tengo para nada a mi lado.
Suspiro pesadamente, me acerco a uno de los ventanales abro la cortina y dejo que la luz del sol alumbre la habitación, muevo lo que tengo en el dedo que me mantiene con vida, estoy por quitármelo cuando recuerdo que todavía hay esperanza. Dejo todo en su lugar y subo con rapidez las escaleras me detengo en seco en la habitación que me dirijo, no se si estoy haciendo bien lo que hago.
Tomo aire y abro la puerta, todo sigue igual desde la última vez que entre a esta habitación, se siente fría, sin vida y sin alegría, mi vista se empieza a ser borrosa por las lagrimas que se empiezan a acumular en mis ojos, la verdad me duele demasiado ver esto.
Narra Harry:
Harry: ¿Qué? —pregunto sin comprender.
Sra. Figg: ¡Se ha marchado! —dice, retorciéndose las manos—. ¡Ha ido a ver a no
sé quién por un asunto de un lote de calderos robados! ¡Ya le dije que iba a desollarlo vivo si
se marchaba, y mira! ¡Dementores! ¡Suerte que informé del caso al señor Tibbles! Pero ¡no hay tiempo que perder! ¡Corre, tienes que volver a tu casa! ¡Oh, los problemas que va a
causar esto! ¡Voy a matarlo!
Harry: Pero... —La revelación de que mi chiflada vecina, obsesionada con los gatos, sabe qué
son los Dementores supongo una conmoción casi tan grande como encontrarme a dos de ellos en el callejón—. ¿Usted es...? ¿Usted es bruja?
Sra. Figg: Soy una squib, como Mundungus sabe muy bien, así que ¿cómo demonios iba a
ayudarte para que te defendieras de unos Dementores? Te ha dejado completamente
desprotegido, cuando yo le advertí...
Harry: ¿Ese tal Mundungus ha estado siguiéndome? Un momento..., ¡era él! ¡El se desapareció
delante de mi casa!
Sra. Figg: Sí, sí, sí, pero por fortuna yo había apostado al señor Tibbles debajo de un coche, por si acaso, y el señor Tibbles vino a avisarme, pero cuando llegué a tu casa ya no estabas, y ahora... ¡Oh! ¿Qué dirá Dumbledore? ¡Eh, tú! —le grita a Dudley, que está tumbado en el suelo del callejón en posición supina—¡Levanta tu gordo trasero del suelo, rápido!
Harry: ¿Usted conoce a Dumbledore? —pregunto, mirando fijamente a la señora Figg.
Sra. Figg: Pues claro que conozco a Dumbledore. ¿Quién no conoce a Dumbledore? Pero vámonos ya porque no voy a poder ayudarte si vuelven; nunca he transformado ni siquiera una bolsita de té.
La señora Figg se inclina, agarra uno de los inmensos brazos de Dudley con sus
apergaminadas manos y tira de él.
Sra. Figg: ¡Levántate, zoquete! ¡Levántate!
Pero Dudley o no puede o no quiere moverse, así que permanece en el suelo, tembloroso
y pálido como la cera, con los labios muy apretados.
Harry: Ya me encargo yo —digo, que tomo a Dudley por el brazo y doy un tirón.
Haciendo un gran esfuerzo consigo ponerlo de pie. Parece que mi primo esta a punto
de desmayarse. Sus diminutos ojos giran en sus órbitas y tiene la cara cubierta de sudor; en cuanto lo suelto, Dudley se tambalea peligrosamente.
Sra. Figg: ¡Deprisa! —insiste histérica.
Me coloco uno de los enormes brazos de Dudley sobre los hombros y lo arrastro hacia la calle, encorvándose un poco bajo mi peso. La señora Figg va dando tumbos delante de nosotros, y al llegar a la esquina asoma la cabeza, nerviosa, y mira hacia la calle.
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Siempre a tu lado (Harry Potter y tu)
FanfictionLa vida de una Salvatore no es para nada fácil sobre todo con un pasado familiar que siempre te atormentara, más que nada en el ámbito de que muchos van a buscar la manera de querer matarte, y sin embargo el tener un lugar tan protegido como es Hog...
