Capitulo 41 2/2

472 21 0
                                    

—Desde luego, señora. Aquí está la llave y allá está el ascensor. Su suite está en el séptimo piso.

Mi madre vino hasta mí.

—Ven, lobita. Levántate. Te ayudaré. Ven, te llevaré hasta el ascensor. Son solo unos pasos.

La alfombra naranja con hojas verdes de maple, pero mi llanto absorbía toda mi energía.

Sonó un breve clinc y se abrieron dos puertas. A mi alrededor había espejos, a un lado solo botones. Algo hizo clac. Las puertas del ascensor se cerraron. Mi madre colocó sus brazos en torno a mí. El olor del sudor era ahora más fuerte que el perfume. El ascensor se puso en movimiento. Nos elevamos, tuve vértigo y noté que me sentía mal. Yo tenía... tenía... Me doblé hacia adelante y me dejé ir.

—¡Mi tesoro, mi amor, está bien! ¡No te apures! Pronto se te pasará. Ya llegamos. Apóyate en mí. Sí, así. Un paso y luego el otro.

Otra vez sonó el clinc. Detrás de mí se cerraron las puertas del ascensor. Mis piernas cedieron, me iba cayendo. La alfombra era gruesa, blanda y azul. Mi madre me tomó por las rodillas y luego sentí sus brazos bajo mi espalda y en las corvas. Jadeé. Me sentí como levantada en hombros. —¡Todo va a estar bien, querida! Yo te llevo. Pon el brazo alrededor de mi cuello.

Sus cabellos me cosquilleaban la mejilla. Alargué el brazo fuertemente en torno a ella.

Olí algún limpiador... olí tocino... escuché música... oí voces. Una mujer, un hombre. Escuche: "¿Necesitan ayuda?"

Oí como mi madre decía, suspirando:

—Sí, con la llave...gracias. Es el número setecientos catorce. Muchas gracias.

Escuché cómo se abría la puerta. Escuche que mi madre decía: "Querida, ya llegamos. Vamos, te llevo a la cama. Pronto te sentirás mejor".

En los últimos pasos, tropecé, cayó hacia adelante y yo caí en la cama. Mi madre cayó junto a mí y le costó respirar. Yo seguía llorando, pero traté de abrir los ojos. Me costaba ver, porque estaban llenos de lágrimas. Me volví hacia un lado. El cobertor de la cama tenía dibujos de jinetes cabalgando sobre un fondo rojo.

Janne se había recompuesto. Me quitó el pelo de la frente. También yo quise incorporarme, pero el llanto no cesaba, aunque ya no era tan angustioso. La habitación era muy grande. Frente a la cama había un diván. Era de cuero y de un rojo estridente con botones gruesos. Encima estaba el retrato de la reina. Del otro lado había una cómoda color café oscuro con una bandeja, una cubeta para champaña y muchos vasos. Las paredes eran de ladrillos color canela.

Miré en derredor. Sobre la cama colgaba un cuadro del puente de Londres. Las lámparas del techo eran faroles de vidrio verde y amarillo. La alfombra lucía un fuerte rosa. Ese color contrastaba con el rojo del diván. Miré a mi madre, que me contemplaba fijamente. Su labio inferior temblaba y sus ojos daban la impresión de que no había dormido en días. Me acarició el pelo una y otra vez.

—Lobita, mi amor, todo saldrá bien. Te lo prometo, todo estará bien.

—Sí —mi voz me sonó ajena—. Quizá tengas razón.

El rostro de Janne se estremeció; primero un poco y luego con más fuerza. Apretó las manos sobre su boca y comenzó a sacudir la cabeza sin control. Parecía que se estaba esforzando a más no poder para no desplomarse. Cerré los ojos un momento. ¡Que no comenzara a llorar! No quería ver una cosa así.

—Mamá —coloqué la mano en su brazo—, ¿puedes dejarme un momento aquí acostada?

Con la misma fuerza con que su cabeza se acababa de sacudir comenzó ahora a decir que sí.

—Sí —pronunció—, sí, por supuesto, mi tesoro.

Estaba frente a la cama y huyó al baño. En la puerta volteó hacia mí:

—¿Rebecca?

—¿Sí, mamá?

—Te amo. Te amo sobre todas las cosas.

—Lo sé, mamá —traté de sonreír—. Lo sé.

Sorbí un poco de agua de la botella que estaba sobre la mesita de noche, luego quité el cobertor, me saqué los zapatos, me metí bajo la cobija y cerré los ojos. Escuché que se cerraba la puerta del baño. Me quedé acostada con los ojos cerrados. El fluir del agua tras la puerta del bario era tranquilizante. Parecía una cascada y superaba el ruido que no quería oír en absoluto: el repelente llanto que me lastimaba los oídos. Solo quería escuchar agua que corriera. Me concentré fuertemente en ello.

Respiré con toda tranquilidad hasta que cesó el ruido del agua en el baño. También yo estaba tranquila. Mis pasos no hacían ningún ruido en la alfombra cuando fui hacia la puerta del cuarto. También la puerta se abrió sin ruido. La dejé abierta y seguí con tranquilidad pero con rapidez, con la mirada al frente.

El ascensor no llegó. La lámpara solo iluminaba, pero no se movía.

Di un paso hacia atrás. En la pared del pasillo había un cartel donde estaba pintada una escalera y una flecha que señalaba hacia la izquierda. Nuestro cuarto estaba a la derecha.

Me dirigí hacia la izquierda a lo largo de unas ocho puertas. Delante de una había un gran carrito de servicio con restos de comida; olía a papas fritas y a carne asada. El pasillo era bastante angosto. Formaba una curva hacia la derecha. Todavía más puertas a la derecha y a la izquierda, pero delante de mí, al final del corredor, se divisaba la salida a la escalera. Encima había un cartel verde con un hombrecito corriendo. Los peldaños bajaban en círculos, como una larga escalera de caracol. Los escalones estaban recubiertos de tejido de tapete imitando mimbre. Mis pisadas hacían un ruido sordo; por lo demás, nada se movía.

Sexto piso, quinto piso, cuarto piso, tercer piso.

Me detuve. Miré hacia atrás por encima del hombro. Escuché. No había nadie.

¿Por qué comencé a temblar? ¿Por qué la temblorina se sentía tan rara? ¿Por qué tan extraña y tan familiar al mismo tiempo? ¿Por qué venía de dentro, aunque yo sabía que tenía que provenir del exterior como un eco? ¿O era el eco lo que sentía en mí?

Miré hacia arriba. Todo estaba tranquilo. Miré hacia abajo. Meneé la cabeza. Me dirigí a la derecha. Atravesé la puerta de la escalera en el tercer piso. La alfombra era lila. Ante mí, más puertas: cuatro a la izquierda, cuatro a la derecha. La tercera puerta de la izquierda estaba abierta.

Continuara...

Lucian (TERMINADA)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora