CAPÍTULO 25

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— ¿Y ahora qué demonios hago?— susurré para mí misma, buscando alguna mísera prenda de ropa a mi alrededor.

Después de haberlo pensado un par de veces decidí llamar a Yoongi. No podía hacer otra cosa, era mi única opción. Había sido estúpida y el mundo me lo había pagado de esta forma.

— ¿¡Yoongi!?— grité frente a la puerta, sujetando mi toalla con fuerza y aún con miedo de abrir.

No obtuve respuesta así que grité varias veces, hasta que después de 10 minutos gritando me rendí y decidí salir del baño y buscar la ropa por mi propia cuenta.

Recorrí toda la casa con una simple toalla al rededor de mi cuerpo. Abrí varias puertas, hasta que entré en lo que supuse que era su habitación. Era de color blanca, con matices blancos. No tenía muchos colores vistosos, pero en ese momento no me fijé en los detalles, únicamente me dirigí hacia el armario y busque ropa que me pudiera servir.

Minutos después empecé a vestirme, me puse una camisa holgada, me iba enorme, tanto que me llegaba casi por las rodillas.

— Creo que servirá— suspiré entre mis susurros mientras ataba los botones de dicha camisa.

Seguí abrochando hasta que escuché la manecilla de la puerta moverse, no sabía qué hacer, estaba paralizada. Me intenté tapar con la camisa que llevaba puesta, segundos después apareció un Yoongi con los auriculares puestos, rapeando una canción que nunca había escuchado.

I don't give a shi...— el chico paró en el instante en el que levantó su mirada y me miró fijamente— ¿Qué haces aquí?

— Solo he venido a por la ropa— me excusé a la misma vez que intentaba taparme lo máximo posible, estirando de la camisa hacia abajo.

— Te agradecería que no estiraras de mi camisa de marca, acabarás rompiéndola— el pelinegro levantó una ceja mientras se quitaba los auriculares con calma.

— Perdón, es que— me senté en la cama para intentar taparme sin estirar de la camisa, deseando haber encontrado unos pantalones antes de su llegada.

— ¿No encontraste la ropa?— sonrió el muchacho con picardía, dejando el teléfono junto a los auriculares sobre su gran escritorio.

— Exactamente. Espera, ¿¡ya lo sabías!? ¿¡Sabías que no me había llevado la ropa!?— exclamé realmente alterada e indignada, casi a punto de levantarme para atizar al chico.

— Muy bien, has acertado— pronunció con falsa emoción, acercándose a mí peligrosamente— ¿Qué quiere de premio, señorita?— me susurró con gracia.

— Eh... ¡Ropa!— grité con obviedad e injusticia, proporcionándole un leve golpe en el pecho.

— Que agresividad— habló sarcásticamente mientras dibujaba una ladina sonrisa sobre sus labios.

Yoongi al fin abrió el armario y mientras éste buscaba algo que prestarme se hizo un largo silencio, que fue interrumpido por la voz del de tez pálida.

— Pues yo creo que así estás bien. No necesitas nada más— volvió a sonreír de esa misma manera, dándose la vuelta con ninguna prenda entre sus manos.

— ¿¡Qué estás diciendo!? No voy a ir así por casa, y menos si ésta es ajena. Además, si viene alguien se pensara que— hablé con furia reflejada en mis ojos, desviando mi mirada hacia otro lado cuando pronuncié aquella última oración.

— Uno, no te va a pasar nada. La camisa te tapa lo suficiente y llevas ropa interior debajo. Dos, ¿y a mí qué me importa? Si quieren pensar eso, adelante. Además, puede que sus pensamientos no acaben de ser erróneos— se sentó a mi lado y acarició mi pierna, a lo que yo me aparté alterada y con cierto miedo— Siempre que tú quieras.

Blood Tears | BTS Donde viven las historias. Descúbrelo ahora