— ¡Jungkook!— puse una mano sobre mi pecho, intentando recuperarme de esa ahora grata sorpresa— Qué susto— reí levemente, levantándome del banco.
— Hola, T/N. Perdóname, no era mi intención asustarte— imitó mi gesto junto a una adorable sonrisita— ¿Qué haces aquí? ¿Has venido a dar un vuelta?— preguntó mientras acomodaba su bolsa de deporte sobre su hombro.
Supuse que habría salido de la universidad hacía nada por lo de sus ensayos, así que me quedé más tranquila.
— Nada importante, sólo vine a dar un paseo con Yoongi. ¿Y tú?, ¿acabas de volver de la práctica?— pregunté algo intrigada, pues aún recordaba aquel mensaje que no pudo contestarme antes.
— Oh, sí— rió mientras señalaba la gran bolsa a sus hombros— Hoseok es un profesor de baile muy estricto aunque no lo parezca— dejó escapar un leve suspiro con pesadez.
La verdad es que me creí sus palabras sin duda alguna, pues el 90% de su cuerpo estaba recubierto por una fina y reluciente capa de sudor, luciendo tan... impresionante.
— En ese caso, buena suerte con la coreografía— sonreí, admirando lo atractivo que podía verse Jungkook sin ni siquiera darse cuenta.
— T/N, ya tengo tu helado— dijo Yoongi, con la mirada fija en aquellos coloridos cucuruchos de helado en sus manos.
— ¡Gracias, Yoonie!— le arrebaté el que supuse que sería el mío y empecé a comer con emoción.
Todo iba más que de maravilla, tenía a esos encantadores muchachos alegrando mi tarde, o bueno, eso creí, hasta que los dos chicos alzaron sus miradas, haciéndolas chocar entre sí.
— Jungkook— pronunció con un tono cortante, pero sin perder los modales y hacer una reverencia.
— Yoongi— dijo el menor del mismo modo, inclinándose un poco más que el contrario, pues era su deber como dongsaeng.
— ¿Vas a quedarte, Jungkook?— hablé alegremente, dejando un espacio para que Yoongi se sentara, pues llevaba desde que volvió con los helados pidiéndomelo.
— ¡No, no!— negó al instante, sacudiendo sus manos en forma de negación— Me encantaría, pero debo volver a casa para ducharme y echarme una buena siesta— rió levemente, acariciando su nuca con nerviosismo.
— Qué pena— murmuró el mayor de ambos con una extraña sonrisa sobre sus labios, cosa que me hizo reír por un momento.
— Bueno, otro día será entonces— propuse con cierta euforia, despidiéndome de él.
— Sí, por supuesto— asintió con una sonrisa, me dio un abrazo y procedió a marcharse, sacudiendo su mano una vez empezó a alejarse.
— Le gustas.
Fue lo único que pronunció Yoongi cuando notó que el menor ya se había alejado lo suficiente como para no escuchar nuestra conversación.
— ¿Qué? Yoongi, por favor— rodé mis ojos, negando a lo dicho de forma indirecta.
Sentía decirlo, pero no podía fiarme de Yoongi en ese momento... aunque técnicamente pudiera leer mentes.
— Déjalo, no he venido aquí para decirte eso— se reincorporó, aún sin haber probado cacho de su helado de chocolate.
— Entonces, ¿me has traído aquí por una razón en particular?— pregunté realmente interesada en su contestación.
— Sí, por supuesto— sonrió cálidamente, haciendo a mi corazón y al helado derretirse en cuestión de segundos.
La sonrisa de Yoongi es jodidamente hermosa.
— En primer lugar, hacía mucho tiempo que no nos veíamos— su expresión entristeció, pero no por mucho tiempo— Y el segundo y principal motivo es que, como ya sabrás, tu cumpleaños se acerca— sonrió levemente mientras probaba su helado por primera vez desde que lo trajo— La verdad es que estuve pensando en que podría regalarte, ya que quería hacerte algo realmente espacial y...
— Ay, Yoongi no— negué tímidamente.
No era necesario esforzarse tanto como él lo hacía para atinar en hacerme un detalle, ya que no era una chica que los pidiera constantemente.
— Sabes que me es más que suficiente con un dibujo, eso me haría muy feliz, sinceramente— sonreí, esperando que no se hubiera implicado mucho con mi regalo, si fuera así, después me sabría mal por causarle tantas molestias.
— Si, sí— asintió varias veces, acomodándose en el banco con nerviosismo— Como iba diciendo, estuve pensando y he decidido que...— sus palabras fueron interrumpidas por mi mano, que ahora cubría toda su boca.
— No quiero que me lo digas aún, ya llegará el momento. Sé que luego estaré ansiosa por ver el regalo o arrepentida porque te hayas esforzado mucho en él. Así que guárdatelo por ahora— advertí, retirando mi mano con cierta vergüenza.
— Está bien— acabó accediendo, arrebatándome el poco helado que me quedaba para acabárselo él mismo.
— ¡Eh! ¿Por qué has hecho eso?— pregunté con aire triste, dejando sobresalir mi labio inferior en forma de mohín.
— ¿Qué? Lo he pagado yo, estoy en mi derecho— se encogió de hombros, reprimiendo su adorable risita mientras lamía el poco helado que había sobre el cono de galleta.
— Que morro tienes, Yoongi— suspiré, negando con la cabeza mientras me levantaba del banco, fingiendo estar indignada.
— El mismo con el que te beso— sonrió de forma lasciva, riendo poco después de dejar un pequeño pero dulce beso sobre mis belfos.
El calor no tardó en subir a mis mejillas, provocando que éstas se tornaran en dos rojas y ardientes manzanitas. Por no hablar de mi acelerado y nervioso pulso. Sentía que el corazón se me saldría del pecho en cuestión de segundos.
Iba a atreverme a preguntar qué demonios había sido eso, pero se me hizo un nudo en la garganta, el cual me impidió poder pronunciar palabra.
— ¿Te comió la lengua el gato, de nuevo?— preguntó con picardía.
Iba a intentar contestar, pero un fuerte viento provocó mi silencio, pues éste mismo derrumbó una rama del árbol situado justo debajo de Yoongi, haciendo que dicha parte se cayera sobre el cuerpo del mayor.
— Oh, dios...— tapé mi boca, algo asustada al principio, mas al ver que el chico se encontraba bien, no pude evitar soltar una leve carcajada— El karma— susurré entre risitas, observando como refunfuñaba mientras se acomodaba la ropa.
— ¡Oye! Ni se te ocurra reírte de mis desgracias— sopló con el ceño fruncido, cruzándose de brazos frente a mí con indignación.
— No me estaba riendo de ti, Yoongi— intenté hablar, aún sujetando mi estómago con fuerza para no reír.
— Agh. Eso ha sido realmente extraño— rascó su nuca, intentando buscar una razón lógica para explicar el raro suceso meteorológico que acaba de causar aquel pequeño accidente.
— Cierto, apenas había corriente antes de eso— afirmé, volviéndome a sentar en aquel solitario banco, observando como el chico miraba a todos lados, ahora algo más enfadado y al mismo tiempo concentrado— ¿Todo bien, Yoonie?— pregunté un par de segundos después, algo preocupada por su reacción.
— Sí, eso creo— murmuró para luego agarrar con fuerza mi muñeca, llevándome fuera del parque forzosamente.
— ¡Ayy, Yoonie!— me quejé, forcejeando aquel agarre del que me intentaba escapar— ¿Dónde pretendes ir ahora?— suspiré cuando al fin me di cuenta de que mis esfuerzos eran en vano.
— Iremos a cenar fuera, no me gusta este parque...— respondió unos minutos más tarde, abriendo las puertas de su coche.
— ¡Pero si hace nada me estabas diciendo que era un día maravilloso para ir!— contesté aún más confusa de lo que ya estaba, no sin antes abrocharme el cinturón. No quería otra de sus regañinas, como muchas veces me había pasado.
— Pues ya no— se encogió de hombros para empezar a conducir en dirección contraria a dicho lugar.
ESTÁS LEYENDO
Blood Tears | BTS
Fiksi PenggemarLa vida de T/N era agradable y tranquila. Vivía con su madre a las afueras de una ciudad desde que la mujer se separó de su antiguo marido. Sin embargo, de forma inesperada, la madre de la muchacha decide casarse con un hombre con el que mantenía un...
