CAPÍTULO 40

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— Perdón— hice varias reverencias en su dirección, desviando mi mirada con rapidez.

— No te preocupes, solo es agua— revolvió mi mojado cabello entre risitas.

— Pero te puedes resfriar— susurré algo preocupada, sintiéndome muy mal por haber sido tan torpe como siempre.

— Pues será mejor que me vaya y me dé una ducha— se excusó una vez más, despidiéndose con un movimiento de mano.

— Nos vemos mañana— sonreí dulcemente, clavando mi mirada en dirección al castañito para así poder admirar su bonita figura.

— Adiós, bebé— rió el chico, haciendo un leve énfasis en aquel apelativo, hasta que al fin salió de casa.

— Agh. Este chico— negué y me senté en el sillón entre risas, adorando a aquel lindo muchacho que hacía apenas unos segundos se encontraba junto a mí.

El resto de la noche me la pasé mirando la televisión o con el móvil en mano, hasta que me noté algo cansada y decidí irme a dormir, sabiendo que tendría todo el fin de semana por delante.

Tristemente, al día siguiente, cuando me desperté con una gran sonrisa al saber que iba a tener dos días de paz y descanso, recibí una llamada de la cafetería, diciéndome que tenían mucha faena y no les quedó más remedio que llamarme a mí.

Pasé esos dos cortos días en el local, sirviendo desayunos de las 8:00 hasta las 12:30 del mediodía. Por suerte, al ser un pequeño turno de mañana tuve toda la tarde y noche del domingo para dormir en mi cómoda cama hasta que tuviera que despertarme al día siguiente.

Por lo que, el lunes me levanté y como ya había dicho, dormí lo suficiente. Me preparé para ir a la universidad.

Había dormido bastante, así que tenía mucha energía, se me veía alegre y animada a pesar del inconveniente del fin de semana, pero se ve que el tiempo no lo estaba tanto. A lo lejos se veían unas grandes nubes negras. Estaba segura que dentro de unas horas empezaría a llover.

— Será mejor que me dé prisa— pensé en voz alta mientras aceleraba mi paso hacia el lugar.

Entré a clases y me senté en mi sitio. Aquel chico no había llegado. Ya era costumbre, casi siempre llegaba con retraso desde hacía unos días y la verdad es que nunca me había preguntado el por qué. Tampoco iba a involucrarme en sus asuntos, aunque me gustaría averiguarlo, debía aceptar que un poco cotilla sí que era, pero me resultaba inevitable no serlo.

Unos diez minutos después apareció totalmente mojado de pies a cabeza, hacía días que no lo veía. Más concretamente, desde aquel beso.

Mi rostro se sonrojó levemente al recordar dicha escena, sintiendo un ligero cosquilleo sobre mis labios mientras seguía al pelinegro con la vista.

— Perdón por llegar tarde...— habló el mencionado al profesor, haciendo un par de reverencias.

— Adelante, señor Jeon— suspiró el señor mayor, no muy decidido, dejando pasar al chico después de haberlo pensado un par de veces.

— Gracias, profesor— hizo su última reverencia antes de entrar en el aula por completo y caminar con vergüenza hacia mi dirección, para así sentarse en su sitio.

Admiré al joven caminar hacia mí, percatando como su mirada era desviada hacia mi persona de vez en cuando mientras su rostro enrojecía en cuestión de segundos. Supuse que sería la vergüenza de todos los días, pero por alguna extraña razón llegué a pensar que también podría ser por lo ocurrido la última vez que nos vimos.

Blood Tears | BTS Donde viven las historias. Descúbrelo ahora