— 4 años después —
Tras mucho esfuerzo, de haber derramado mucha sangre, sudor y lágrimas, conseguí entrar en una de las mejores universidades de Busan.
Vivía sola en una pequeña casa en el centro de la ciudad y tenía un trabajo de camarera en una linda cafetería en la calle de al lado. Debía ahorrar para mantener mis gastos, divertido sabiendo que la semana siguiente empezaban las clases y tuve que hacer horas extra para poder permitirme el material necesario.
Mi vida había cambiado mucho por ese entonces. El pequeño tatuaje de una mariposa en mi muñeca me lo recordaba cada día. Para mí tenía un gran significado, aunque no consiguiera saber exactamente cuál. Mis recuerdos antes de llegar a la ciudad eran difusos, densos y borrosos como un gran nubarrón.
—
Miré la pantalla del teléfono con los ojos entrecerrados. Era pronto en la mañana, había decidido despertar temprano para organizar bien mi día.
— ¡Agh! —dejé caer el móvil sobre la mesita mientras rascaba mis ojos, quitando las sábanas con leves y perezosas patadas.
Bajé las escaleras, dirigiéndome a la nevera para desayunar lo primero que pillé; una manzana. Al acabar, empecé a desvestirme camino al baño, dónde me di una ducha rápida y me vestí rápidamente mientras retocaba mi cabello.
— Listas —susurré, agarrando mi bolso para luego salir de casa apresuradamente— ‹Odio el turno de mañana›— pensé de camino a la cafetería, soltando un ligero y pesado suspiro.
Entré en el establecimiento, poniéndome el delantal y agarrando un bloc de notas junto al bolígrafo.
— Buenos días —saludé a mis compañeros y ellos correspondieron con una gran sonrisa.
Me dirigí hacia la mesa dónde había un único chico sentado, llevaba una sudadera negra con capucha, así que no se le podía ver bien el rostro. Para ser sincera, me pareció algo maleducado por su parte, pero mi trabajo no era juzgar a los demás, así que simplemente lo dejé pasar.
— ¿Qué desea señor? —pregunté con un tono alegre a pesar de estar realmente agotada, brindándole una sonrisa al caballero.
— Un expreso... —respondió el joven fríamente. Ese tono de voz me recordaba a alguien, pero lo dejé pasar y anoté su pedido con rapidez.
— Enseguida —los pocos segundos volví al mostrador y pasé el pedido.
— ¿T/N, podrías ir a por más café? Si no recuerdo mal está en la despensa —habló mi gran amiga y compañera de trabajo, señalando a sus espaldas mientras preparaba lo demandado.
— Sí, claro. Ahora mismo voy —entré en la despensa de la cafetería y busqué el café con desesperación.
Intenté agarrar el saco, pero era demasiado pesado, además de estar a gran altura. Me puse de puntillas con la intención de poder alcanzarlo de una vez por todas, pero por más que lo intentaba no conseguía ese maldito saco.
— ¿Alguien me podría ayudar? Es que no alcanzo el café —le susurré a la chica con vergüenza, rascando mi nuca con nerviosismo.
— Oh sí. El chico nuevo te ayudará —señaló a un muchacho de cabello castaño que no había visto antes, quien estaba apuntando el pedido de un cliente con ímpetu —En cuánto acabe irá para allá.
— Bien, de momento seguiré intentándolo —dije entre risas, volviendo hacia atrás para volver a adentrarme en aquella pequeña habitación llena de comida e intenso olor a café.
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Blood Tears | BTS
Fiksi PenggemarLa vida de T/N era agradable y tranquila. Vivía con su madre a las afueras de una ciudad desde que la mujer se separó de su antiguo marido. Sin embargo, de forma inesperada, la madre de la muchacha decide casarse con un hombre con el que mantenía un...
