CAPÍTULO 67

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— ¿Sí?— volvió a preguntar el azabache tras el teléfono, con su típica voz ronca de recién levantado.

— ¿Dónde está Taehyung?— formulé apresuradamente, sintiendo la angustia recorrer mis venas.

— ¿Quién es?— aclaró su garganta, parecía molesto ante mi insistente pregunta.

— Soy yo, T/N— suspiré dándole una mirada rápida a Yugyeom, quien solo se encogió de hombros al no entender la situación.

— Oh, hola— rió levemente, acomodándose en lo que supuse que sería su cama, pues escuché un leve chirrido de fondo— ¿Qué necesitas?

— Saber si Taehyung se encuentra bien y el porqué me has contestado tú y no él— la preocupación volvió a invadir mi cuerpo cuando se dejaron oír unos lejanos susurros tras la otra línea, haciéndome delirar.

— Esto... Ayer me quedé a dormir en casa de Taehyung. Jugamos a Overwatch y se nos hizo muy tarde, así que me invitó— su voz temblaba, pero no le di mayor importancia, necesitaba información sobre el estado en el que se encontraba Taehyung— Y te respondí yo al teléfono porque hyung ahora mismo está durmiendo y no quería despertarlo— confesó mientras bostezaba con pereza.
 
— Entonces, ¿se encuentra bien? ¿No le ocurrió nada demasiado grave?— me senté en mi pupitre, sintiendo la presencia de Yugyeom junto a mí, pues se había apoyado sobre mi hombro, gesto que yo rechacé con cierto tacto a lo que él me respondió con un puchero, cosa que me venció y no pude negarle, dejando que volviera a recostarse sobre éste.

Sí, el único inconveniente de ayer fue pasarnos con las cervezas— rió algo avergonzado— Pero Taehyung acabó vomitando el alcohol ingerido y no hubo daños mayores— me informó con seguridad, intentando hacerse ver confiado de sí mismo y de sus palabras.

— Bien— suspiré aliviada, sintiendo mis músculos destensarse— Me alegro de que así sea.

El saber que Taehyung había devuelto el alcohol que tomó la noche anterior significaba que sus efectos habían sido neutros, ya no había de que preocuparse en gran parte, así que sin más, me despedí.

— En ese caso, nos vemos, Jungkook-Oppa— sonreí por acto involuntario, notando la enternecida mirada de Yugyeom sobre mí.

— Adiós— se despidió alegremente, aún con ese ligero tono de pesadez y cansancio en su voz.

— Por cierto, ya me explicarás más detalladamente el por qué no habéis veni...— fui interrumpida por los pausados pitidos procedentes de mi teléfono.

Colgó.

Yugyeom rió a carcajadas, escondiendo su rostro entre mi hombro, donde anteriormente estaba apoyado.

— ¿Todo bien?— pronunció entre risas.

— Sí, tranquilo— reí junto a él.

Tenía que admitir que su característica y adorable risa era igual de contagiosa que la de Jungkook.

— Me alegro— contuvo su risa durante unos instantes, provocando que su voz saliera entrecortada— Pero creo que deberíamos irnos ya— su tono bajó, casi hasta llegar a susurrarme al oído— Creo que a tu profesor de inglés no le agrada que estemos aquí— miró al señor Kim por el rabillo del ojo, disimulando aquel notorio gesto con torpeza.

Sin más que añadir me levanté de mi silla asientiendo con un leve movimiento de cabeza, dirigiéndome hacia la puerta donde se encontraba Namjoon, esperando a que regresáramos al recreo, no obstante, apenas quedaban unos minutos para que acabara nuestro receso.

Pasé frente a él y le dediqué una reverencia, a lo que éste me devolvió con una cálida sonrisa. El menor de ellos; Yugyeom, imitó el gesto, pero curiosamente el señor Kim no le devolvió el acto, simplemente esbozó una pequeña mueca y se inclinó en intento de hacer reverencia.

— Perdone las molestias— le dediqué una sonrisa mientras Yugyeom me llevaba a rastras por el pasillo, siendo fulminado ante los ojos del profesor de lengua extranjera.

〖♡〗

— Creo que el señor Kim me odia— rascó su nuca incómodamente, soltando una débil y algo forzada risita.

— ¿Y por qué debería odiarte?— me encogí de hombros, sentándome junto a él en el viejo banco.

— Por pasar tiempo contigo y apegarme a ti— pronunció de forma obvia, apoyando su espalda contra las barras de madera llenas de pintadas que llevaba éste.

— No digas tonterías. Es más, ni siquiera estoy junto a ti, has sido tú quien se a acercado hoy exclusivamente a hablarme, lo que dices es ilógico— suspiré, rodando mis ojos mientras dirigía mi vista al cielo, tal y como hizo el contrario.

— Por eso mismo— pasó su manos tras su cabeza, utilizando éstas como punto de apoyo— No le gustó la idea de que estuviera hoy contigo en clase— cerró sus ojos, sintiendo como los rayos de sol le acariciaban la suave piel de su rostro— a solas— añadió en un leve susurro, dándole poca importancia, pero sonrojándose en el acto.

— Es imposible— reí nerviosamente, mirando como las nubes pasaban, tapando el sol por unos instantes.

— Te digo yo que sí. ¿No viste como me miraba?— suspiró, haciendo una mueca mientras mantenía sus ojos cerrados.

— Venga, Yugyeom. Estás delirando— rodé mis ojos, encogiéndome de hombros a la vez que me levantaba del banco.

Ya era hora de volver a clase y no me apetecía llegar tarde.

— Ahora tenemos reunión en el gimnasio, recuerda que podré verte allí, si no te molesto, claro— susurró, rascando su nuca nerviosamente mientras caminaba en dirección hacia el pasillo.

— Oh, es verdad— recordé.

Hace apenas unos días atrás los profesores nos advirtieron de que el día de hoy tendríamos una charla en el gimnasio sobre el nuevo club de baile que fundaron hace ya dos años atrás.

— No hay problema, ¡mientras no hagas nada estúpido!— grité desde la puerta de mi aula al ver como Yugyeom se dirigía a la suya.

— Soy Kim Yugyeom, nunca hago nada estúpido— se despidió con una boba sonrisa, cerrando la puerta de su clase tras de sí.

— ¡Por supuesto!— carcajeé antes de entrar en la mía, dirigiéndome hacia mi pupitre para agarrar mis pertenencias y colocarme en fila frente a la puerta, junto a los demás alumnos de mi aula.

Ambas clases avanzamos por el largo pasillo, Yugyeom y yo hablábamos de cómo sería el nuevo club de baile, incluso llegó a comentar que le interesaría unirse a él.

Reímos un buen rato ante los comentarios exagerados de cómo sería el nuevo profesor de baile, pues el del año anterior no es que tuviera mucha energía en el cuerpo, era un hombre de cuarenta y pico años que lo único que hacía era poner música y sentarse en el banco a contemplar como sus alumnos bailaban, siendo muy estricto cuando uno de éstos se equivocaba.

— A lo mejor este año han contratado a un candidato decente— reí, sentándome como si de un indio me tratara sobre el suelo del gimnasio, junto a todos los demás alumnos de mi grado.

No sabía la razón por la que estaba manteniendo una conversación con el chico, supuse que al sentirme tan sola y sin nadie por aquel día, me fue inevitable no hablar con él.

Blood Tears | BTS Donde viven las historias. Descúbrelo ahora