Bastián se interrumpió sorprendido. Cerró el libro -no sin poner previsoramente un dedo
entre sus páginas- y miró otra vez con más atención la cubierta. ¡Allí estaban las dos
serpientes que se mordían las colas formando un óvalo! ¿Qué podía significar aquel
extraño signo?
Todo el mundo sabía en Fantasía lo que significaba aquel medallón: era el Signo que
llevaba quien estaba al servicio de la Emperatriz Infantil y podía actuar en su nombre
como si ella estuviera presente.
Quería decir que su portador tenía poderes secretos, aunque nadie supiera exactamente
cuáles. Su nombre lo conocían todos: ÁURYN.
Sin embargo, muchos no se atrevían a pronunciar ese nombre y lo llamaban «la Alhaja>
o también «el Pentáculo» o, simplemente, «el Esplendor».
Así pues, ¡el libro llevaba el signo de la Emperatriz Infantil!
Un murmullo recorrió la sala y se oyeron algunas exclamaciones
Un murmullo recorrió la sala y se oyeron algunas exclamaciones de asombro. Hacía
tiempo que no se confiaba a nadie la Alhaja.
Caíron golpeó en el suelo con los cascos urcas cuantas veces, hasta que la agitación
cesó, y entonces dijo con voz profunda:
-Amigos, no os asombréis demasiado: sólo llevaré a ÁURYN por corto tiempo. Soy
únicamente su portador. Pronto entregaré el Esplendor a alguien más digno que yo.
Un silencio en el que nadie respiraba se había extendido por la sala.
-No intentaré suavizar nuestra derrota con bellas palabras -siguió diciendo Caíron-.
Todos estamos perplejos ante la enfermedad de la Emperatriz. Sólo sabemos que la
destrucción de Fantasía ha venido al mismo tiempo que esa enfermedad. No sabemos
más. Ni siquiera si el arte médico puede salvarla. Pero es posible -y confío en no
ofender a nadie si hablo francamente-, es posible que nosotros, los que estamos aquí
reunidos, no reunamos todos los conocimientos ni toda la sabiduría. Incluso tengo la
última y única esperanza de que, en alguna parte de este reino sin fronteras de Fantasía,
exista un ser más sabio que nosotros, capaz de prestarnos consejo y ayuda. Pero eso es
más que incierto. Donde quiera que pueda estar la posibilidad de salvación... una cosa es
segura: su búsqueda requiere un explorador capaz de encontrar su camino en lo
intransitable y de no retroceder ante ningún peligro ni ningún esfuerzo; en una palabra:
un héroe. Y la Emperatriz Infantil me ha dicho el nombre de ese héroe, al que confía su
destino y el nuestro: se llama Atreyu y vive en el Mar de Hierba, detrás de los Montes
de Plata. Yo le entregaré a ÁURYN y lo enviaré a la Gran Búsqueda. Y ahora ya lo
sabéis todo...
Dicho esto, el viejo centauro salió ruidosamente de la sala.
Los que se quedaron se miraron unos a otros confusos.
