La Morla lo miró fijamente con sus ojos enormes y vacíos.
-No tenemos nada en contra, ¿verdad, vieja? -gorgoteó.
-¡Moriremos todos! -gritó Atreyu-. ¡Todos!
-Mira, pequeño -respondió la Morla-, ¿qué nos importa? Nada tiene importancia ya para
nosotras. Todo da lo mismo, exactamente lo mismo.
-¡También tú serás aniquilada, Morla! -gritó Atreyu furioso-. ¡También tú! ¿O es que
crees que, por ser tan vieja, sobrevivirás a Fantasia?
-Mira -gorgoteó la Morla-: somos viejas, pequeño, demasiado viejas y hemos vivido
bastante. Hemos vivido demasiado. Para quien sabe tanto como nosotras nada es
importante ya. Todo se repite eternamente: el día y la noche, el verano y el invierno..., el
mundo está vacío y no tiene sentido. Todo se mueve en círculos. Lo que aparece debe
desaparecer, y lo que nace debe morir. Todo pasa: el bien y el mal, la estupidez y la
sabiduría, la belleza y la fealdad. Todo está vacío. Nada es verdad. Nada es importante.
Atreyu no supo qué responder. La mirada gigantesca, oscura y vacía de la Vetusta
Morla paralizaba su mente. Al cabo de un rato la oyó hablar de nuevo:
-Eres muy joven, pequeño. Nosotras somos viejas. Si fueras tan viejo como nosotras
sabrías que no hay nada más que tristeza. Mira: ¿por qué no hemos de morir tú, yo, la
Emperatriz Infantil, todos, todos? Todo es sólo una apariencia, un juego en la Nada.
Todo da exactamente lo mismo. Déjanos en paz, pequeño, y vete.
Atreyu recurrió a toda su fuerza de voluntad para contrarrestar el entumecimiento que le
producía la mirada de la Vetusta Morla.
-Si tanto sabes -dijo-, también sabrás en qué consiste la enfermedad de la Emperatriz
Infantil y si hay para ella remedio.
-Lo sabemos, ¿verdad, vieja? Lo sabemos -resolló la Morla-, pero da lo mismo que ella
se salve o no. Por lo tanto, ¿por qué tendríamos que decírtelo?
-Si realmente te da lo mismo -la apremió Atreyu-, también podrías decírmelo.
-Podríamos también, vieja, ¿verdad? -gruñó la Morla-. Pero no tenemos ganas.
-Entonces -exclamó Atreyu- no es verdad que todo te dé lo mismo. ¡Ni siquiera tú crees
lo que dices!
Durante mucho tiempo reinó el silencio, y luego Atreyu oyó unos gorgoteos y regüeldos
profundos. Debían de ser una especie de risa, si es que la Vetusta Morla podía reír
todavía. En cualquier caso, dijo:
-Eres astuto, pequeño. ¡Vaya! Eres listo. Hacía tiempo que no nos divertíamos tanto,
¿verdad, vieja? ¡Vaya! También podríamos decírtelo. No hay ninguna diferencia. ¿Se lo
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