32-

47 1 0
                                    

grande. A decir verdad, ¡estoy desesperado! Me pregunto seriamente si la Emperatriz
Infantil sabía de veras lo que hacía al elegir a un niño como tú. ¡Evidentemente, es una
locura! Y si lo hizo deliberadamente, entonces... entonces...
Sacudió con violencia la cabeza y balbuceó:
-¡No! ¡No! Si yo hubiera sabido a quién me enviaba, me hubiera negado simplemente a
transmitir su encargo. ¡Me hubiera negado!
-¿Qué encargo? -preguntó Atreyu.
-¡Es una monstruosidad! -exclamó Caíron, dejándose llevar por la cólera-. Cumplir esa
misión hubiera sido probablemente algo imposible para los héroes más grandes y
aguerridos, pero para ti ... Ella te envía a lo desconocido a buscar algo que nadie
conoce. Nadie puede ayudarte, nadie puede darte consejos y nadie puede predecir lo que
te aguarda. Y, sin embargo, tienes que decidir enseguida, ahora mismo, sobre la marcha,
si aceptas o no esa misión. No hay momento que perder. He galopado casi sin pausa
diez días con sus noches para encontrarte. Pero ahora... ahora casi quisiera no haber
venido. Soy muy viejo y estoy al cabo de mis fuerzas. ¡Dame un trago de agua, por
favor!
Atreyu trajo un jarro de agua fresca de la fuente. El centauro bebió a grandes sorbos,
luego se enjugó la barba y dijo, un poco más tranquilo:
-¡Gracias, qué bien me hace! Ahora me siento mejor. Escucha, Atreyu, no necesitas
aceptar ese encargo. La Emperatriz Infantil lo deja a tu elección. No te lo ordena. Yo se
lo explicaré y ella encontrará a otro. No debía de saber que eres un muchacho. Se habrá
confundido con otro; ésa es la única explicación.
-¿En qué consiste la misión? -quiso saber Atreyu.
-En encontrar el remedio para la Emperatriz Infantil -respondió el viejo centauro- y
salvar a Fantasía.
-¿La Emperatriz está enferma? -preguntó asombrado Atreyu.
Caíron comenzó a contar lo que le pasaba a la Emperatriz Infantil y lo que habían
relatado los mensajeros de toda Fantasia. Atreyu siguió haciendo preguntas y el
centauro las contestó lo mejor que pudo. Fue una larga conversación nocturna. Y cuanto
mejor comprendía Atreyu todo el alcance de la fatalidad que había caído sobre Fantasia,
tanto más claramente se dibujaba en su rostro, al principio tan reservado, la más franca
consternación.
-Y yo -murmuró finalmente con labios pálidos-, que no sabía nada de todo eso...
Caíron miró al muchacho por debajo de sus espesas y blancas cejas, de una forma seria
y preocupada.
-Ahora ya sabes cómo están las cosas, y quizá comprendas por qué perdí la serenidad al
verte. Y, sin embargo, la Emperatriz Infantil pronunció tu nombre. «Ve y busca a

La Historia Interminable Donde viven las historias. Descúbrelo ahora