Sin embargo, no sintió ninguna satisfacción por aquel descubrimiento. El fin de su fiel
caballito hacía que aquello lo dejara casi indiferente. Ahora tenía que descubrir quién
era y dónde estaba aquella Vetusta Morla que vivía allí.
Mientras estaba aún pensando, sintió de pronto que un ligero estremecimiento recorría
la montaña, y luego oyó un tremendo resoplar y chasquear y una voz que parecía venir
de las entrañas más profundas de la tierra:
-Mira, vieja, algo bulle por ahí sobre nosotras.
Atreyu se apresuró a dirigirse al final de la cresta de la montaña, de donde venía la voz.
Sin embargo, resbaló en una alfombra de musgo y empezó a patinar. No pudo agarrarse
a nada, se deslizó cada vez más aprisa y finalmente se despeñó. Por suerte, cayó en uno
de los árboles que había abajo. Sus ramas lo sostuvieron.
Atreyu vio ante sí una gigantesca caverna en la montaña, en la que el agua negra
salpicaba y chapoteaba, porque algo se movía allí dentro, saliendo lentamente. Sólo
cuando hubo salido del todo se dio cuenta Atreyu de que era una cabeza unida a un
cuello largo y arrugado: la cabeza de una tortuga.
Sus ojos eran grandes como charcos negros. Su hocico chorrea-ba fango y algas. Toda
aquella Montaña de Cuerno -Atreyu lo comprendió de pronto- era un único y
monstruoso animal, una formidable tortuga de pantano: ¡la Vetusta Morla!
Entonces se oyó aquella voz jadeante y gorgoteante:
-¿Qué haces ahí, pequeño?
Atreyu cogió el amuleto de su pecho y lo sostuvo de forma que los ojos grandes como
charcos de la tortuga pudieran verlo.
-¿Sabes qué es esto, Morla?
Pasó un rato antes de que ella respondiera:
-Mira, vieja... ÁURYN... Hacía tiempo que no lo veíamos, el Signo de la Emperatriz
Infantil... Hacía tiempo.
-La Emperatriz Infantil está enferma -repuso Atreyu-. ¿Lo sabías?
-Nos da lo mismo, ¿no es cierto, vieja? -respondió la Morla. Parecía hablar consigo
misma de aquella forma peculiar, quizá porque no tenía a nadie con quien hablar, quién
sabe desde hacía cuánto tiempo.
-Si no la salvamos morirá -añadió Atreyu más apremiantemente.
-Bueno -respondió la Morla.
-Y con ella se hundirá Fantasía -exclamó Atreyu-. La aniquilación llega ya a todas
partes. Yo mismo la he visto.
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