Pero un día apareció en el campamento un viejo centauro negro de pelo blanco. Su piel
chorreaba sudor, parecía mortalmente exhausto y su rostro barbudo estaba consumido y
demacrado. En la cabeza llevaba un extraño sombrero de juncos tejidos y, al cuello, una
cadena de la que colgaba un gran amuleto. Era Caíron.
Se quedó de pie en medio del espacio despejado que rodeaban las tiendas del
campamento en círculos cada vez más anchos, allí donde los ancianos se reunían para el
consejo o donde, en los días de fiesta, se bailaban bailes y se cantaban viejas canciones.
Esperó y miró a su alrededor, pero a su alrededor sólo se apretaban mujeres y hombres
muy viejos y niños muy pequeños, que lo miraban curiosos. Impaciente, golpeó el suelo
con los cascos.
-¿Dónde están los cazadores y cazadoras? -resopló, quitándose el sombrero y secándose
la frente.
Una mujer de pelo blanco, con un bebé en los brazos, respondió
-Todos han ido de caza. No volverán hasta dentro de tres o cuatro días.
-¿Está Atreyu con ellos? -preguntó el centauro.
-Sí, extranjero, pero, ¿de qué lo conoces?
-No lo conozco. ¡Id a buscarlo!
-Extranjero -respondió un anciano con muletas-, difícilmente vendrá porque hoy es su
caza. Comienza a la puesta de sol. ¿Sabes lo que eso significa?
Caíron sacudió sus crines y piafó.
-No lo sé y tampoco importa, porque tiene algo más importante que hacer. Ya conocéis
el Signo que llevo. Por lo tanto, ¡id a buscarlo!
-Vemos la Alhaja -dijo una niña- y sabemos que te envía la Emperatriz Infantil. Pero,
¿quién eres tú?
-Me llamo Caíron -refunfuñó el centauro-, Caíron el Médico, si es que eso os dice algo.
Una anciana encorvada se adelantó y dijo:
-Es verdad. Lo conozco. Lo vi una vez cuando todavía era yo joven. ¡Es el médico más
importante y famoso de Fantasia!
El centauro hizo un gesto de saludo con la cabeza.
-Gracias, mujer -dijo-, y ahora, si alguno de vosotros fuera tan amable y trajese de una
vez a Atreyu... Es urgente. Está en juego la vida de la Emperatriz Infantil.
-¡Yo lo haré! -gritó una niña que tendría unos cinco o seis años.
