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¿Y no es así? -preguntó Atreyu.
-¡Han sido siete días y siete noches! -dijo Fújur-. ¡Mira! Mis heridas están ya casi
cerradas.
Sólo entonces se dio cuenta Atreyu de que también su propia herida estaba curada. La
compresa de hierbas se había caído. Se asombró:
-¿Cómo es posible? He atravesado las tres puertas mágicas, he hablado con Uyulala y
me he dormido... pero no es posible que haya dormido tanto tiempo.
-El tiempo y el espacio -dijo Énguivuck- deben de ser ahí dentro un poco distintos. Sin
embargo, nadie ha estado nunca con el Oráculo tanto tiempo como tú. ¿Qué ha pasado?
¡Habla de una vez!
-Primero me gustaría saber qué ha pasado aquí -respondió Atreyu.
-Ya lo ves -dijo Énguivuck-: todos los colores han desaparecido, todo se vuelve cada
vez más irreal y la Puerta del Gran Enigma ya no está ahí. Parece como si también aquí
hubiera comenzado la aniquilación.
-¿Y las esfinges? -quiso saber Atreyu-. ¿A dónde han ido? ¿Se han escapado? ¿Las
habéis visto?
-No hemos visto nada -refunfuñó Énguivuck-. Tenía la esperanza de que tú pudieras
decirnos algo sobre eso. El arco de piedra se derrumbó de pronto, pero ninguno de
nosotros oyó ni vio nada. Hasta fui allí y busqué entre los escombros. ¿Y sabes lo que
descubrí? Los trozos rotos son viejísimos y están cubiertos de musgo gris, como si
estuvieran así desde hace cien años, como si nunca hubiera existido esa Puerta del Gran
Enigma.
-Y, sin embargo, estaba ahí -dijo Atreyu en voz baja-, porque yo la atravesé, y también
la Puerta del Espejo Mágico y, por último, la Puerta sin Llave.
Y entonces contó lo que le había ocurrido. Se acordaba sin esfuerzo de todos los
detalles.
Énguivuck, que al principio pedía siempre datos más concretos con preguntas
insistentes, se fue quedando cada vez más callado durante el relato. Y cuando Atreyu,
finalmente, repitió casi palabra por palabra lo que le había revelado Uyulala, Énguivuck
guardó un silencio total. Su rostro arrugado y diminuto tenía una expresión de profunda
tristeza.
-Ahora ya conoces el secreto -terminó Atreyu-. ¿Querías saberlo sin falta, no? Uyulala
es un ser que consiste sólo en una voz. Su figura es sólo audible. Está donde se le oye.
Énguivuck, se quedó callado un rato y luego exclamó con voz ronca:
-Estaba, quieres decir.

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