Gracias a Dios -dijo para sí en voz baja- que no estoy en Fantasia. Esos monstruos, por
suerte, no existen en la realidad. Al fin y al cabo, se trata sólo de una historia.
Pero, ¿de verdad era sólo una historia? ¿Cómo era posible entonces que Ygrámul -y
probablemente también Atreyu- hubiera oído el grito de espanto de Bastián?
Poco a poco, aquel libro empezaba a resultarle siniestro.
