Si son los cuatro gigantes de los vientos -explicó Atreyu- conocerán todos los puntos
cardinales de Fantasia. Nadie podría decirnos mejor dónde están sus fronteras.
-¡Santo cielo! -gritó el dragón-. ¿Te crees que se puede charlar tranquilamente con
ellos?
-¿Cómo se llaman? -quiso saber Atreyu.
-El del norte se llama Lirr, el del este Baureo, el del sur Schirk y el del oeste Mayestril -
respondió Fújur-. Pero oye, Atreyu, ¿qué clase de persona eres? ¿Un niño o un pedazo
de hierro que no sabe lo que es el miedo?
-Al atravesar la puerta de las esfinges -respondió Atreyu- perdí todo miedo. Además,
llevo el signo de la Emperatriz. Todas las criaturas de Fantasía lo respetan. ¿Por qué no
habrían de hacerlo los gigantes de los vientos?
-¡Oh, lo harán! -exclamó Fújur-. Pero son estúpidos y no podrás impedir que se peleen
entre sí. ¡Y ya verás lo que eso quiere decir!
Entretanto, las nubes de tormenta se habían acercado tanto por todas partes que Atreyu
vio a su alrededor algo que parecía un embudo de proporciones monstruosas, un cráter
de volcán, cuyas paredes empezaban a dar vueltas cada vez más aprisa, de forma que el
amarilllo de azufre, el gris de plomo, el rojo de sangre y el negro profundo se
mezclaban. Y también él se vio arrastrado en círculos sobre su dragón blanco, como una
cerilla de madera en medio de un furioso remolino. Y entonces vio a los gigantes de la
tormenta.
En realidad sólo se componían de rostros, porque sus miembros eran tan cambiantes y
múltiples -tan pronto largos como cortos, centenares o ninguno, precisos o nebulosos-, y
estaban enzarzados en una pelea tan monstruosa, que era imposible distinguir su
verdadero aspecto. También los rostros cambiaban continuamente, haciéndose gruesos o
hinchados y estirándose luego a lo largo o a lo ancho, aunque seguían siendo siempre
rostros que podían distinguirse entre sí. Abrían bruscamente la boca y gritaban y
bramaban y aullaban y se reían unos de otros. Al dragón y su jinete no parecieron
siquiera haberlos visto, porque, en comparación con ellos, eran diminutos como un
mosquito.
Atreyu se enderezó. Cogió con la mano derecha el amuleto de oro de su pecho y gritó,
tan fuerte como pudo:
-¡En nombre de la Emperatriz Infantil, callaos y escuchad!
¡Y entonces ocurrió lo increíble!
Como si de repente se hubieran quedado mudos, los vientos se callaron. Sus bocas se
cerraron y ocho gigantescos ojos saltones miraron a ÁURYN. También el remolino
cesó. De pronto reinó una calma absoluta.
-¡Decidme! -gritó Atreyu-. ¿Dónde están las fronteras de Fantasia? ¿Lo sabes tú, Lirr?
