Atreyu reflexionó.
-¿Quién soy? -murmuró-. No podría decirlo. Me parece que alguna vez sí que lo he sabido. Pero, ¿es tan importante?
La voz cantarina respondió:
«Si quieres hablarme en secreto,
recita un poema completo.
Aquello que no escucho en verso
lo entiendo de un modo diverso...»
Atreyu no estaba muy acostumbrado a hacer rimas ni versos, y le pareció que la conversación iba a resultar un tanto difícil si la voz sólo podía entender lo que rimaba.
Tuvo que cavilar un rato antes de producir esto:
«En verso, si lo prefieres,
quisiera saber quién eres.»
E inmediatamente la voz respondió:
«¿Quieres saber quién es quien?
Yo te comprendo muy bien.»
Y luego cantó, desde otra dirección distinta:
«Gracias amigo, cuyo esfuerzo presencio.
Bienvenido seas del modo más serio.
Yo soy Uyulala, la voz del silencio,
voz del Palacio del Profundo Misterio.>>
Atreyu se dio cuenta de que la voz sonaba unas veces más fuerte y otras más débil, pero sin cesar nunca por completo. Hasta cuando no cantaba o cuando hablaba él, flotaba
siempre a su alrededor, en un tono constante.Como el sonido se iba alejando lentamente, Atreyu corrió detrás y preguntó:
«Dime, Uyulala, ¿me oyes todavía?
No puedo verte y bien me gustaría.»
La voz le susurró al oído al pasar:
«Nunca ha ocurrido
que alguien me viera.
Soy un latido
siempre a la espera.»
-Entonces, ¿eres invisible? -preguntó Atreyu. Sin embargo, al no recibir respuesta, recordó que tenía que preguntar en verso y dijo:
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