—Y la biblioteca, ¡es increíble! Nunca pensé que podía ver tantos libros juntos en mi vida. ¡O los jardines!¿Están siempre verdes?¿Cuando sea invierno va a nevar?¡Ya me imagino lo bonito que se vería el castillo con una capa de nieve encima, fundiéndolo entre las montañas. ¿Haréis más puré de calabaza? Nunca había probado uno tan exquisito—dije entusiasmada, mientras recorría el despacho de Dumbledore.
El anciano director rió.
—Me alegra que te hayas acomodado fácilmente a Hogwarts, Dahlia.
—¿Cómo se llama?—dije, plantándome frente al enorme y rojo fénix que estaba posado en una jaula.
—Fawkes.
—Fawkes...—estiré mi brazo y acaricié con cuidado la cabeza de aquel ave—. Es muy bonito.
Dumbledore inclinó la cabeza, con una sonrisa dibujada en sus labios.
—Le he traído esto—me acerqué al escritorio del director, lleno de curiosos objetos y papeles, y deposité una sencilla flor de color blanca, que era exactamente iguala la que llevaba por detrás de la oreja.
Dumbledore sonrió.
—Vaya... muchas gracias—con sus ancianas manos, cogió con delicadeza la flor y la observó. Después se giró para mirarme y me dirigió una mirada severa a través de sus lentes de media luna—¿Has entrado en el bosque prohibido?—me quedé completamente muda—. No quiero poner en duda tu inteligencia, Dahlia, pero deberías de saber que se llama así por una razón.
—Sólo... Sólo quería saber cómo era. Sabe que no me tomo muy bien eso de sentirme encerrada.
—Tienes una curiosidad y un entusiasmo poco común, querida—dijo Dumbledore, juntando sus manos encima de la mesa—. Me recuerdas a un viejo amigo mío, llamado Newt Scamander.
—¿El autor de animales fantásticos y donde encontrarlos?—se me iluminaron los ojos.
—Veo que ya te has puesto al día.
—Tengo tantas cosas que hacer, tantos lugares que visitar y descubrir, que un día se me hace demasiado corto—dije suspirando.
Era solo mi primer día y ya me sentía agobiada por la cantidad de información y lugares que desconocía. Penny me había hecho un tour y mis ojos se abrían de la sorpresa cada vez que entrábamos a una sala nueva. Casi se me saltaron las lágrimas cuando entramos en la biblioteca y vi la cantidad de libros que esperaban ser leídos.
El director rió.
—Vamos a dejar el entrenamiento por hoy. Baja al comedor a cenar, y diviértete con tus amigos.
Sonreí en respuesta. Llevaba aproximadamente tres horas practicando con Dumbledore algunos hechizos básicos con la varita. Para mí alivio, era mucho más fácil de lo que pensaba y le cogí el gusto fácilmente. Y cuando un conjuro no me salía, simplemente lo conjuraba por mi mente y lo hacía con mis manos, pero aparentando que era mi varita la que lo hacía. También habíamos dado un poco de historia de la magia y más bases teóricas, y tenía que reconocer que eso era lo que más me costaba.
Antes de salir por la puerta de su despacho, una duda apareció por mi cabeza.
—¿Pasa algo, Dahlia?—escuché la voz del director a mis espaldas. Yo agarraba el pomo de la puerta con fuerza.
Tras meditarlo unos segundos, me volví a girar y cerré la puerta detrás de mi para que nadie nos escuchara.
—Es solo que...—murmuré, volviéndome a acercar a su escritorio—. La noche pasada, cuando dormí por primera vez aquí... Tuve un sueño muy extraño.
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Bajo las estrellas {Cedric Diggory}
Fanfiction«El corazón me latió más deprisa cuando él se giró para que nuestros ojos se encontrasen una vez más, con aquella sonrisa dibujada en sus labios que me volvía tan loca que las piernas me empezaron a temblar. Y entonces extendió su brazo hacia mi, y...
