(EN EDICIONES)
Dos familias.
Un pueblo, dinero, secretos y traiciones.
Romances que te dejan con el corazón pendiendo de un hilo y pasiones que arderán al punto de
quemarte.
¿Lo único seguro? Luego de su llegada, nada ni nadie saldría ileso.
Aque...
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POV SKY:
¿Saben ese momento del que todos hablan?
Ese en el que te das cuenta de que la muerte está cerca y cada segundo de tu vida empieza a desfilar por tu mente.
Así es como me siento ahora mismo.
Mis músculos están tensos, respiro de forma agitada y siento mi corazón galopar descontroladamente en mi pecho. El olor de la muerte parece impregnar el aire y la densidad de...
Okey, ya.
Dejemos el drama.
Pero, en serio: si tan solo pudieran ver el rostro de Samantha, enrojecido por la furia en este momento, entenderían las razones detrás de mi dramático despliegue de emociones.
—¡¿Me pueden explicar qué demonios les pasó por la cabeza para hacerme esto?! —brama, furiosa, mientras señala su cara completamente cubierta de marcador permanente.
Cierro los labios en una línea fina, esforzándome por no reírme al verla con un bigote falso dibujado. O peor aún, al imaginar todos esos penes color rosa esparcidos por su frente, mejillas y barbilla. Aunque ninguno se compara con el más grande, que comienza en la base de su cuello y termina apuntando hacia sus labios, con la enorme frase "Acaba aquí" escrita en naranja fluorescente.
Sin duda, el mejor "dibujo" que hemos realizado en nuestras vidas. Pero, ¿qué les puedo decir? Jamás juntes a un par de borrachas aburridas, marcadores y una pobre víctima semiinconsciente si no quieres terminar así. Es una ley de vida. Además, mi Picasso interior gritaba por salir.
—Oh, vamos, ¡no es tan grave! —intenta calmarla Stacy, pero es en vano; poco después ella misma suelta una sonora carcajada.
—¡¿Que no es tan grave?! —responde Sam, desbordando indignación—. ¡Parezco un maldito pene rosa! —exclama al mirarse en el espejo de mi habitación, y a este punto, me duele el estómago de tanto reírme.
Y si supiera que todo está grabado en mi celular...
—Bueno, en ese caso serías el pene rosa más hermoso de todos —me burlo maliciosamente hasta que Sam me fulmina con la mirada, a punto de sufrir un infarto. Está bien, no es momento para bromas.
—Si no me quitan esta cosa de la cara, les juro que se van a arrepentir —amenaza con peligrosa seriedad, lo que me obliga a respirar profundo y calmarme.
—Bueno, ¿intentaste lavarte? —pregunta Stacy, volviendo al modo serio.
—¡Tres veces! ¡Y no hay forma de que funcione! —se desespera, dejándose caer boca abajo sobre el colchón de mi cama—. Gracias a ustedes, seré el hazmerreír de todo el jodido instituto.
¡Qué exagerada!
—Déjame buscar en internet; Google lo sabe todo. No te preocupes, dentro de nada tendrás la cara como nueva —le prometo optimista mientras busco el celular.