Capítulo 2: Hermanas White.

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POV SKY:

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POV SKY:

​¿Saben ese momento del que todos hablan?

Ese en el que te das cuenta de que la muerte está cerca y cada segundo de tu vida empieza a desfilar por tu mente.

​Así es como me siento ahora mismo.

Mis músculos están tensos, respiro de forma agitada y siento mi corazón galopar descontroladamente en mi pecho. El olor de la muerte parece impregnar el aire y la densidad de...

​Okey, ya.

Dejemos el drama.

​Pero, en serio: si tan solo pudieran ver el rostro de Samantha, enrojecido por la furia en este momento, entenderían las razones detrás de mi dramático despliegue de emociones.

​—¡¿Me pueden explicar qué demonios les pasó por la cabeza para hacerme esto?! —brama, furiosa, mientras señala su cara completamente cubierta de marcador permanente.

​Cierro los labios en una línea fina, esforzándome por no reírme al verla con un bigote falso dibujado. O peor aún, al imaginar todos esos penes color rosa esparcidos por su frente, mejillas y barbilla. Aunque ninguno se compara con el más grande, que comienza en la base de su cuello y termina apuntando hacia sus labios, con la enorme frase "Acaba aquí" escrita en naranja fluorescente.

​Sin duda, el mejor "dibujo" que hemos realizado en nuestras vidas. Pero, ¿qué les puedo decir? Jamás juntes a un par de borrachas aburridas, marcadores y una pobre víctima semiinconsciente si no quieres terminar así. Es una ley de vida. Además, mi Picasso interior gritaba por salir.

​—Oh, vamos, ¡no es tan grave! —intenta calmarla Stacy, pero es en vano; poco después ella misma suelta una sonora carcajada.

​—¡¿Que no es tan grave?! —responde Sam, desbordando indignación—. ¡Parezco un maldito pene rosa! —exclama al mirarse en el espejo de mi habitación, y a este punto, me duele el estómago de tanto reírme.

​Y si supiera que todo está grabado en mi celular...

​—Bueno, en ese caso serías el pene rosa más hermoso de todos —me burlo maliciosamente hasta que Sam me fulmina con la mirada, a punto de sufrir un infarto. Está bien, no es momento para bromas.

​—Si no me quitan esta cosa de la cara, les juro que se van a arrepentir —amenaza con peligrosa seriedad, lo que me obliga a respirar profundo y calmarme.

​—Bueno, ¿intentaste lavarte? —pregunta Stacy, volviendo al modo serio.

​—¡Tres veces! ¡Y no hay forma de que funcione! —se desespera, dejándose caer boca abajo sobre el colchón de mi cama—. Gracias a ustedes, seré el hazmerreír de todo el jodido instituto.

​¡Qué exagerada!

​—Déjame buscar en internet; Google lo sabe todo. No te preocupes, dentro de nada tendrás la cara como nueva —le prometo optimista mientras busco el celular.

LOS CLARCK (I)✅Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora