Prólogo:

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POV SKY:

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POV SKY:

El calor era insoportable. Una masa de cuerpos sudorosos se asfixiaba en la planta baja, transformando lo que debía ser una reunión tranquila en un caos de música y roces inevitables.

Yo observaba todo desde el balcón, sintiéndome una extraña en mi propia realidad.

Tenía la vista nublada.

No por el cansancio, sino por los tragos que me obligué a pasar hace media hora para no salir huyendo.

Mis manos sudaban y el corazón me golpeaba las costillas con una violencia que me cortaba el aliento.

La razón pesaba en mi mano derecha: mi teléfono.

Un mensaje corto. Específico. Letal.

Me negaba a creerlo, no después de todo lo que habíamos construido estos meses, pero la duda ya había echado raíces en mi pecho.

—Vamos, Sky. Solo respira… —susurré, intentando acallar el zumbido en mis oídos.

Me despegué del balcón y crucé el pasillo del segundo piso. El ruido de la fiesta comenzó a desvanecerse, reemplazado por el eco de mis propios pasos.

Conté las puertas.

Una, dos... Me detuve frente a la tercera a la derecha.

El pomo de metal estaba frío, un contraste helado contra el fuego de mis dedos. Me quedé ahí, congelada durante diez segundos que parecieron horas.

Una parte de mí suplicaba que fuera una broma pesada, un circo de mal gusto organizado por alguien con demasiado tiempo libre.

Pero no podía irme.

La incertidumbre dolía más que cualquier verdad.

Bajé la vista al móvil una última vez.

Número Desconocido | 03:05 A.M.
Sube al segundo piso. Tercera puerta a la derecha. Suerte =).

Corto. Simple. Malicioso.

Giré el pomo con una lentitud agónica. La madera cedió sin hacer ruido. Al principio, solo me recibió la oscuridad y un aroma leve, pero extrañamente desagradable, que me revolvió el estómago. Esperé a que mis ojos se acostumbraran a la luz de la luna que se filtraba por el ventanal, dibujando sombras alargadas en el suelo.

Estiré la mano hacia la pared, buscando el interruptor. Mis dedos rozaron el panel, pero antes de que pudiera inundar la habitación de luz, un sonido me detuvo en seco.

No fue un golpe, ni un grito.

Fue un gemido.

Largo, ronco y profundo. Un sonido que conocía demasiado bien.

¿Acaso él…?

—Dios, sí… —susurró alguien.

Fruncí el ceño.

LOS CLARCK (I)✅Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora