Dolor, traición, venganza, rencor, deshonra y muy poco amor son el pan de cada día en el palacio de Topkapi ¿Qué darías tu por amor? ¿Eres capaz de renunciar a lo valioso? ¿O simplemente te resignas a perder lo que amas? ¿Realmente el amor soporta t...
- Vaya a dormir, yo me encargaré de lo necesario. - No hace falta, ve a descansar - le respondí a Ela.
Aunque mi cabeza dolía ya por la falta de sueño no podía irme a dormir; no teniendo a mi hijo en este estado.
La noche anterior mientras conversaba sobre la pelea de los sehzades con Neylan entró Ela demasiado ansiosa para darme la noticia de que Zulfiqar había sido encontrado tirado en el piso de sus aposentos. Naturalmente mi angustia como madre creció al enterarme de esto.
Pude estar con él por algún tiempo mientras el doctor lo revisaba pero me pidioyque saliera, después de eso no me dejan entrar a verlo, solo me dejan observarlo desde la lejanía de la puerta.
Me he negado rotundamente a moverme de este lugar a tal punto que Mehmed pidió que trajeran un diván y lo colocarán frente a la entrada de los aposentos para que yo pudiera descansar.
Nuevamente ha llegado la noche sin ninguna noticia, nadie me dice que ocurre pero estoy segura que todos lo saben.
- Sultana. - ¿Qué no te mandé a dormir? - Si, pero ha llegado alguien a verla. - Dile que no recibo visitas - lo menos que necesitaba era ver personas ajenas a mi. - Dice que es sumamente importante, que depende el futuro de la dinastía - tal afirmación me hizo dudar un poco. - Dile que entre, envía a que alguien se esté al pendiente de Zulfiqar - inclinó su rostro y se fue.
Fuí a mis aposentos a ponerme un poco más decente para atender a mi desconocida visita; no lo hacía por ella o él, lo hacía por cuidar mi propia imagen.
Espere pacientemente a que las puertas fueran abiertas para ver a la persona que tenía grandes noticias ¡Vaya sorpresa que me llevé!
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- ¡¿Qué haces tu aquí?! - grité poniéndome de pie. - Mi gran señora - me dijo poniéndose de rodillas frente a mis pies. - Deja la hipocresía de lado y dime qué te trajo hasta aquí. - En vista de que mi carta no fue contestada me he tomado el atrevimiento de venir hasta aquí. - Cierto - recordé algo de dicha carta - ¿por qué si venía de nombre de mi hijo las palabras escritas eran para mí? - Así que la leyó. - Tengo el derecho de ver todo lo que llegará a mis hijos, no me cambies el tema y habla ahora. - A causa del bebé que llevé cargando en mi vientre he sido despojada de mi título y mis riquezas, naturalmente había pensado en apoyarme en Zulfiqar, después de todo es el padre. - Recuerda tu lugar y respeta a todos los miembros de la dinastía. - Lo mismo le pido - me mostró una sonrisa en señal de victoria - quiero que acepte a mi niño como nieto del imperio y a mi como la sultana que debí ser. - ¿De verdad fuiste capaz de venir aquí solo por eso? - no pude evitar reír - no pierdas el tiempo con tonterías, busca un empleo y un esposo, tengo cosas mucho más importantes de las cuales ocuparme - me puse de pie para darle la espalda. - ¿Cómo la viruela que padece el sehzade? - ¿Qué sabes? - era más que evidente mi sorpresa. - Toda la ciudad sabe que el sehzade, las sultanas Gülbahar y Nûr-Banû tienen viruela ¿Usted no lo sabía? - por más que trataba de ocultar mi sorpresa y temor no podía, debía cambiar el tema. - Quiero que mañana traigas al bebé, quiero conocer a mi supuesto nieto. - Venga usted. - ¿Piensas ponerte exigente con tu situación? Bien, iré a dónde me pidas con tal de desmentir que es mi nieto. - Espero que todo sea como la ley lo manda. - Vete - le respondí con total seriedad.