Capítulo 89: Estaré con ustedes

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- Rápido, todos a los aposentos de la esposa del sultán - Nazú pedía apresurado por la sorpresiva llegada de los hombres.

- ¿Qué pasa? - interrogó Ela al ver las prisas del pobre agha.

- Nuestro señor y los sehzades han llegado de sorpresa, debemos estar listos para recibirlos como lo merecen.

- ¡Ay Allah! Tú ve por las hijas del sultán, yo me encargo de llevar a las concubinas del príncipe - ambos sirvientes hicieron su deber a toda prisa.

En menos de lo que se esperaba, las concubinas, nietos, hijas y esposa, tuvieron todo listo para recibir ahora sí, de manera apropiada al sultán del mundo.

- ¡Atención, su majestad el sultán Mehmed y los sehzades Zülfikar, Aslihan, Berat y Yussuf! - en cuanto se anunció la llegada, los hombres aparecieron, siendo recibidos por una reverencia.

Como desde hace mucho tiempo lo hacía, Halime encabezaba la larga fila de mujeres que los estaban por recibir, Mehmed, que quería disfrutar todo el amor de su esposa, la abrazó con fuerza, depositando un beso en la frente.

- Lo he echado mucho de menos mi señor.

- Ya estoy aquí, Halime - en lo que el sultán era recibido y saludado por sus hijas y nueras, los sehzades saludaban a su madre.

- Mis leones, doy gracias a Allah porque regresaron con vida; - mencionó al abrazar a los 3 a la par. Su mirada se dirigió a Berat - ven aquí, - como si fuera uno más de sus hijos, también le brindó un cálido abrazo - disculpa que no traje a tu madre para que te reciba, por su sorpresiva llegada no pude traerla, en este momento envío por ella - con un movimiento de cabeza, Nazú entendió que debía ir por Esmeray, ¡Pobre agha!

- No se preocupe sultana, yo entiendo a la perfección ésta situación, además, es para mí un honor el ser recibido de la misma manera que uno más de sus hijos - a pesar de todo, y en contra de su madre, Berat se llevaba bien con Halime, comprendía que nunca llegaría al trono y que la mejor forma de salvarse a él y a su madre, era mantener las aguas tranquilas.

Los recibimientos eran calurosos y llenos de amor; eran de las pocas veces que se sentía un genuino calor de hogar en aquella peculiar familia. Zülfikar no iba a perder mucho tiempo en largos protocolos de saludo, así que se dirigió a dónde estaban los niños, los tres más pequeños se encontraban dormidos y los otros dos más grandes parecía que hubieran venido café endulzado, no sé estaban tranquilos ni un solo minuto.

- ¿No me piensan saludar? - Akile corrió a colgarse del cuello de su amado padre, mientras que Kasim negaba abriendo sus ojos aún más.

- Su majestad, - Mahfiruze se plantó frente al sultán con su pequeño en brazos - cuando mis hijos nacieron usted partió a la guerra y no tuvo la oportunidad de conocer a sus nietos - Zülfikar entendió lo que su tercera esposa quería decir, no quería que ella quedara mal ante su padre así que la ayudó.

- Papá, me gustaría que conozcas a mis hijos, mis más pequeños tesoros: el sehzade Muhammed y la sultana Mehtap - Mehmed maravillado tomó en sus brazos, con mucho cuidado y cariño, al hombre más pequeño de la familia.

- Papá, me gustaría que conozcas a mis hijos, mis más pequeños tesoros: el sehzade Muhammed y la sultana Mehtap - Mehmed maravillado tomó en sus brazos, con mucho cuidado y cariño, al hombre más pequeño de la familia

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Amable:Una sultana escondida |COMPLETA/CORRECCIÓN|Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora