Dolor, traición, venganza, rencor, deshonra y muy poco amor son el pan de cada día en el palacio de Topkapi ¿Qué darías tu por amor? ¿Eres capaz de renunciar a lo valioso? ¿O simplemente te resignas a perder lo que amas? ¿Realmente el amor soporta t...
Emilia por fin había aceptado formar parte del harén de Zulfiqar. Creí que a final de cuentas terminaría negandose pero ahora veo que no es así.
- Endereza los hombros - le ordené al ver su postura - alza la barbilla y el vientre adentro. - esperé a que lo hiciera- Muy bien. - Cuando estés con el sehzade nada de resoplar, sudar, tropezar, resbalar, reírse, gritar ni nada por el estilo ¿entendido? - parecía muy estresada con tanta instrucción de NazúAgha, quien me estaba ayudando a educarla. - Tranquila, debes estar serena y agradable, solo eso. - Por favor envíen a alguien más, no voy a poder. - Y si sigues con esa actitud menos. - Por favor déjeme ocultarme de la vista de todos - me suplicaba. - ¿Quieres estar en un rincón? ¿En el rincón donde se anidan las ratas? ¿Eso quieres? - no me dijo nada - Por alguna extraña razón haz llegado a este lugar; ahora no la sabemos, pero no porque no la vemos ni sabemos quiere decir que no está ahí. - Sultana, sugiero que tomemos un descanso - opinó Nazú. - Hagan lo que quieran.
¿Desde cuándo digo las cosas tan fríamente? ¿Cuándo dejé de pensar en los sentimientos de los demás?
*****
Ya llevábamos varios días en el palacio de caza. Aunque la primavera ya estaba, aún se sentía el aire bastante fresco.
- Es una tragedia que tú ciervo se escapara - lamentó Zulfiqar cuando veníamos de regreso. - ¿Cuándo iré a Manisa, majestad? - No irás - está había sido mi decisión hace un tiempo atrás. - ¡¿Qué?! - dejo de caminar y volteó a verme - ¿Se la piensa dar a Zulfiqar? - Yo no tengo nada que ver en esto - pronto se defendió de la acusación. Incrédulo dirigió su vista a él.
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
- Merezco a Manisa más que tú. - ¿Y por qué? - ahora la actitud de Zulfiqar se volvió desafiante al hacer está pregunta. - Soy mejor luchando - argumentó Hakim. - Tengo mejor táctica de batalla. - Mi provincia está feliz por como la manejo. - ¿Quién dice que la mía no? - no los interrumpí; quería ver hasta donde llegarían. - De hecho tu linaje es inferior al mío. - ¡¿Qué quieres decir?! - ¡Que incluso por mi madre tengo sangre real! ¿Y tú? Tu madre no ha sido más que una mujer de Portugal dedicada a la siembra de grano. - ¡A mi madre no la metas en esto, idiota! - de inmediato Zulfiqar le lanzó un puñetazo a Hakim. - ¡Zulfiqar! - le grité para atraer su atención. - ¡Tu madre jamás dejará de ser una criada! - ahora Hakim lo empujó. - ¡YA BASTA LOS DOS! - me lastimé la garganta al gritarles. - ¡Ambas llegaron como esclavas!
Los golpes se habían vuelto más graves entre ellos; tuve que intervenir para separarlos pero era como si ni siquiera estuviera ahí. No supe cuál fue, pero uno me acababa de golpear.
- ¡Sus altezas! ¡Majestad! - era la voz de Iskender. De inmediato me ayudó a separarlos. - ¡Ahora mismo nos vamos! - les di la órden. Ninguno era capaz de verme a la cara - ¡Escuchen ambos: ninguno merece Manisa al hacer tal acción!