Capítulo 44: Recuerdos...

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Por varios días el sultán y los demás nos centramos en recuperar lo que el pueblo había perdido; se vació el tesoro imperial e incluso algunas joyas fueron vendidas para obtener más recursos y reconstruir las casas y comercios.

Onur Pashá no regreso ante su majestad hasta llegar con las cabezas de aquellos hombres que habían tenido el descaro de secuestrar a la sultana Turhan, ella estaba bastante lastimada y desnutrida. Además frente a todo el pueblo rodó la cabeza de Sahin Pashá:
Lo recuerdo perfectamente, el cuerpo de aquellos infieles había sido colgado para que sirviera de lección.
-¡Tengan por seguro que nunca más sufrirán algo similar a lo acontecido en mi ausencia y que aquellas cabezas que han sido separadas de sus cuerpos intimiden a quienes se atrevan a pensar en lastimarlos!
-¡Larga vida al Sultán!- gritaban todas las personas presentes.
-¡Todos pagarán!¡Ante ustedes hago está declaración!- era muy proclamado- Sahin Pashá ven para acá- el caminó y se inclinó.
-Me has sido muy útil y hoy permito que te retires.
-Señor ha sido un honor servirl...- el sultán estiró su mano y su espada le fue acercada para desenvainarla y solo así el hombre entendió a qué se refería- piedad señor.
-¿Así que si nos traicionaste? Quería pensar que eras fiel a la familia de tu esposa ¡Nos entregaste a esos hombres!- con toda la furia que cabía dentro de él fue muerto de un solo corte.

Cuando todo esto hubo pasado y el palacio ya se encontraba de nuevo en condiciones para vivir regresamos; lo hicimos de noche para no atraer la atención, yo dormía en la casa de mi hermano Leo o Assim efendi junto con Ela y Çennet.

Cuando todo esto hubo pasado y el palacio ya se encontraba de nuevo en condiciones para vivir regresamos; lo hicimos de noche para no atraer la atención, yo dormía en la casa de mi hermano Leo o Assim efendi junto con Ela y Çennet

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-Sultana disculpe que la despierte pero su majestad ha enviado un carruaje para que esta misma noche volvamos a palacio.
-Bien, despierta a los niños.

No querían irse de casa de su tío, pues aunque sehzades y sultanas, debido a la situación que se había estado viviendo en el imperio estaban teniendo una vida lo más parecida a la de una persona común y parecían felices con ello.

Hice a los niños que recogieran sus cosas, quería inculcarles lo duro que podía llegar a ser trabajar aunque fuera poco. Yo por mi parte también recogí todo el desastre que habíamos causado a mi hermano en su casa, le fui a despertar para despedirme y darle las gracias por todo lo que hizo por nosotros.
-Han hecho más ustedes por todos nosotros.
-Voy a extrañar estar continuamente contigo- le dije.
-Cuando vayas a hacer caridad vienes a vernos- le di un abrazo- niños díganle adiós a su tío- los pequeños hicieron lo que les dije.
-Sultana.
-Sila, cuida bien de Leo por favor- ella era arrogante aún cuando hablaba conmigo.
-Claro que lo haré.
-Bien, niños vámonos que afuera está su padre en el caballo y los carruajes con las otras sultanas- ellas se habían alojado en monasterios.
-¿Puedo ir en el caballo?
-No Aslihan.
-Pero iré yo ¿Verdad madre?
-Tampoco tu Zulfiqar- subimos al carruaje mientras su padre nos observaba, ya no cabíamos dentro pero me negaba a que no se fueran junto conmigo.

-Pero iré yo ¿Verdad madre?-Tampoco tu Zulfiqar- subimos al carruaje mientras su padre nos observaba, ya no cabíamos dentro pero me negaba a que no se fueran junto conmigo

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Amable:Una sultana escondida |COMPLETA/CORRECCIÓN|Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora