La canción es grandiosa... No olviden escucharla.
Este capítulo está dedicado a la fan #1 de Jacob Rinaldi Artemisa_L espero lo disfrutes hermosa.
Una camioneta negra de vidrios blindados y la tapicería oliendo a cuero nuevo pasó temprano por nosotros. Jacob estaba completamente desvelado. Conociendo su nula resistencia al sueño, lo convencí de que reclinara el asiento y durmiera durante el trayecto; de ese modo, no se daría cuenta de que, en lugar de tomar la autopista hacia la casa de la abuela, íbamos rumbo al hangar privado de la familia.
Cuando estábamos a escasos minutos de llegar, el cambio de velocidad lo despertó. Parpadeó, desorientado por la luz de la mañana, y miró a su alrededor.
—Ales, ¿a dónde vamos? —preguntó, frunciendo el ceño al escuchar un eco sordo en el exterior—. ¿Por qué se escuchan tantos aviones?
Me acomodé en el asiento y le dediqué una sonrisa cómplice, disfrutando del secreto.
—A la mejor noche de tu vida, "Jeiqui".
En cuanto la camioneta se detuvo en la pista privada, el panorama lo dejó sin palabras. A un lado del imponente helicóptero corporativo ya nos esperaban Blake y papá, quien conversaba animadamente con el piloto sobre las condiciones climáticas hacia Nueva York. Nos saludamos entre abrazos y risas mientras el personal acomodaba nuestro equipaje en el compartimento de carga. Jacob comenzó a bombardearnos con una ráfaga de preguntas emocionadas antes del despegue, pero nos limitamos a cruzar miradas divertidas; nadie soltó una sola pista.
Cuando las hélices rugieron y empezamos a elevarnos sobre el paisaje, Jacob se dio por vencido. Pegó la nariz a la ventana y no la despegó durante la hora que duró el viaje. Estaba fascinado, y a papá se le iluminaba el rostro de orgullo al verlo disfrutar así. Debido al ruido de los motores, el diálogo era casi imposible, pero no hacía falta. A cada rascacielos que aparecía en el horizonte, Jacob me jaloneaba del brazo con la emoción desbordada para que viera lo mismo que él. Cualquiera habría pensado que era un niño cumpliendo uno de sus sueños más anhelados... y lo mejor era que aún no tenía idea de lo que faltaba.
El traslado desde el helipuerto de Manhattan hasta el icónico hotel The Plaza nos tomó apenas veinte minutos. En cuanto entramos a nuestra enorme y sofisticada suite, decorada con molduras artesanales, pesadas cortinas de seda y una calidez que te hacía olvidar el bullicio de la Quinta Avenida, nos instalamos. Papá, siempre impecable, aprovechó que estábamos en la ciudad para asistir a una junta de negocios de última hora. Jacob, que moría por estrenar el lente de su cámara fotográfica, no dudó en pegársele como un imán.
Al verlos juntos en el umbral de la puerta, listos para salir, sentí un vuelco en el pecho. Eran la viva imagen de un padre con su hijo; a Jacob solo le habrían faltado unos ojos azules para ser su reflejo perfecto. «Quizá si yo hubiese sido un varón, nos veríamos así», pensé con una punzada de nostalgia. Habría sido encantador.
—No se tarden demasiado en sus compras chicas —nos advirtió papá con una sonrisa antes de salir.
—Para nada, solo serán por un par de cosas —respondió Blake, guiñándome un ojo.
Blake y yo pasamos el resto de la mañana de compras. Les habíamos dicho a los hombres que solo nos hacían falta "los detalles finales" para nuestros atuendos de la noche. Sin embargo, en el lenguaje de las mujeres Edevane, "los detalles" se tradujeron rápidamente en más de veinte bolsas de compras y cajas elegantes procedentes de media docena de las tiendas más exclusivas de la avenida.
—Si nos preguntan, diremos que no todo es para nosotras —bromeó Blake mientras caminábamos de regreso, acomodándose los lentes oscuros—. Seguro hay algo para ellos en alguna bolsa... y un juguete para el pequeño Luca, que nos espera en casa con la niñera.
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Todo lo que buscaba
Romance¿Te ha pasado que la vida perfecta solo funciona bien en tu mente? Yo era experta en coleccionar desilusiones de ese tipo. Pensaba que el futuro de ensueño que me esperaba después de la graduación -ese que mi familia había diseñado minuciosamente pa...
