02: Sorpresa

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San Francisco/ Estados Unidos

Jackson Evans

—Dije que no —repito molesto.

—¡No seas así! Soy tu amigo —reniega John.

—¿Y?

—¿Cómo que Y? Debes apoyarme —se pone delante de mi.

—Dije que no.

—¡Jackson!

—No voy a apoyar que lleves a Daniel a un lugar que ni siquiera quieres decirme donde es —digo dejando de caminar.

—Pero te haré un favor a tí y a esa interna. Tendrán tiempo libre si me llevo a Dan.

—Esa interna tiene un nombre que es Anna y es mi novia así que respetala —regaño y él rueda los ojos.

—Tu novia pero ni siquiera dejas que conozca a Dan —se burla.

—Eso es diferente.

—No lo es. Lo que pasa es que no crees que sea lo suficientemente importante como para que tu hijo la conozca —sonrie porque sabe que tiene la razón.

—De igual forma no es tu problema.

—Da igual —pasa la vista detrás de mi—. ¡Edgardo! Ven y ayúdame a convencer a este idiota de que me preste a mi sobrino.

—Si yo fuera Jackson, ni loco dejo a mi hijo bajo tu cargo —habla Edgardo llegando a nosotros.

—¿Ves? —enarco una ceja.

—Ustedes son un dueto de insoportables —se queda John.

A Edgardo le empieza a sonar el celular y me tenso cuando veo el nombre de René en la pantalla. No voy a negar que me sorprende que a pesar de tantos años, sigan teniendo una amistad. ¿Tan difícil era hacer lo mismo entre ella y yo?

—Hola —contesta la llamada, y John y yo guardamos silencio—. ¿Hablas enserió? No sabia nada de eso.

Levanto la vista hasta él y tiene el ceño fruncido.

—¿Ambas? —pregunta y puedo ver kn brillo de ilusión en su rostro—. De acuerdo —sonríe como un idiota—. Estaré al pendiente.

Cuelga la llamada.

—¿Qué pasó? —pregunta John. En estos momentos aprecio al idiota de mi amigo.

—La madre de René está muy grave —dice—. Lo siento pero no les puedo decir nada más.

—Tuve que conseguirme un par de amigos traicioneros —masculla John.

—¡Jackson! —gritan a mi espalda, voz que hace que John y Edgardo salgan corriendo del lado contrario.

Volteo encontrándome con Anna que deja un beso en mis labios.

—Te he dicho que no me beses en el hospital —señalo.

—Bueno, perdón.

ERES MI PERDICIÓN Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora