26: Paraíso marino

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René Saldivar

Ajusto mis gafas de sol sentada sobre mi maleta mientras esperamos el auto que Jackson pidió para llevarnos a nuestro destino. El vuelo fue cansado y la resaca tampoco me es de ayuda. El cambio de clima si que me gustó mucho y de eso no me quejo para nada.

—¿Me esperas aquí? —pregunta Jackson acercándose mientras juego sentada en la maleta—. Debo hacer una llamada.

—Claro —contesto y deja un beso en mi labios antes de alejarse llevándose el celular al oído.

Veo hacia el frente sin tener un punto en especifico al no estar concentrada hasta que tocan mi brazo sobresaltandome.

—Lo siento, no era mi intención sobresaltarte —habla el chico moreno que me tocó antes.

—No, fue mi culpa. Estaba distraida —me levanto dsndome cuenta que me saca bastante altura al igual que Jackson—. ¿Necesitas algo?

—Bueno, vi las etiquetas en tu maleta en inglés por lo que supuse que tu podrías ayudarme. No sé el idioma de aquí —dice un poco apenado—. ¿Tú sabes?

No soy estúpida y por como está actuando, sé que se acercó con segundas intensiones.

—Bueno.....

—¿Todo esta bien? —la voz gruesa de Jackson llega a mis oídos haciéndome voltear hacia mi lado cuando ya se encuentra ahí con el ceño fruncido viendo al hombre y me da risa cuando me junta a él por la cintura.

—Él —señalo al chico— quería ayuda con el idioma de aquí —explico—. Francés.

—Bueno.... —interviene el chico apenado—. Ya buscaré ayuda por otro lado.

—Espera —me zafo del agarre de Jackson y saco mi celular de la bolsa trasera de mi pantalón y abro la app que busco—. Esto te va a servir para traducir lo que te digan y traducir lo que te quieren decir —le enseño la app y él la busca en su celular.

—Muchas gracias, te debo una —dice el chico dejando un beso en mi mejía con total confianza antes de irse dejándome pasmada por un momento.

—Ese idiota.... —masculla Jackson y volteo.

—Ya cálmate, fiera —me acerco dejando un beso en sus labios—. Que poca confianza.

—Confío plenamente en ti pero no en los idiotas que se te acercan como garrapatas —murmura.

—Ya.

—Vamos que el auto ya está aquí.

—Como digas, don gruñón.

Me mira mal antes de tomarme de la mano y jalarme hasta el auto.

○○○

Me quedo embobada viendo la vista del agua en tuno muy claro y celeste que se ve como si fuera el paraíso mismo. Las montañas de fondo y el aire fresco que golpea mi rostro al estar en la terraza. La cabaña sobre el mar como muchas otras es preciosa y tiene todo lo necesario, tiene una piscina y escaleras para bajar directamente al mar. Definitivamente Bora Bora es una maravilla completa y venir hasta aquí fue la mejor idea de mi ahora esposo.

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