"Dedicado a todas las personas que lo pidieron.
Agradezcan que ya estaba escrito.
Besos"
René Saldivar
Veo por la ventana como la ciudad donde nací está bastante cambiada desde la última que la vi y no es de menos con todos los años que han pasado. A veces me pregunto si he dejado pasar demasiado tiempo, aunque hace pocos años me resigne a que terminaré mi vida sola. Ya no hay hombres para mi.
—¿Es su primera vez en San Francisco? —pregunta el señor que conduce el taxi.
—No, yo vivía aquí pero me fui hace muchos años para estudiar —contesto.
—¿Y por qué volvió?
—Porque mi madre murió.
—Oh.... —parece arrepentido por preguntar. Lo siento.
—No es nada —le dedico una leve sonrisa y devuelvo mi vista a la ventana.
Le pago al señor cuando me deja en el cementerio, no me gusta este lugar el viento que hay me da escalofríos. Vuelvo a colocar mis gafas de sol sobre mis ojos y empiezo a caminar por el lugar. Tuve que pedir indicaciones para saber donde es exactamente donde entierran a mi madre porque no esta de más decir que ya voy tarde.
Logro ver a personas cuando estoy cerca, todos van de negro y empiezo a escuchar como Alexa llora cada que me acerco más. Me quedo un poco atrás de todos apoyada en un árbol mientras que papá consuela a Alexa. Puedo ver a Jenn y Abe más adelante junto a Andrea que juega con el listón de su vestido negro y me hubiese gustado más que no la trajeran, este no es un lugar para una niña.
El sacerdote termina de hablar algo a lo que no presté atención y todos hacen espacio cuando el ataúd donde está mi madre empieza a descender. Por alguna razón, me empiezo a sofocar además del sentimiento de ser observada a pesar de que paso desapercibida.
Me doy la vuelta sintiéndome asfixiada de tantas personas y empiezo a caminar entre los árboles y tumbas de las demás personas. Me apoyo en un árbol cuando estoy un poco lejos de los demás y me quito los lentes pasando mis manos por mi rostro.
Estoy desesperada, agitada y mi corazón palpita en mi pecho frenéticamente haciendo que me empiece a doler la cabeza. Estoy empezando a sentir el cansancio de lo que no he dormido en todos estos días y probablemente voy a desfallecer en cualquier momento.
—Señorita, ¿se encuentra bien? —abro los ojos y bajo la mirada encontrándome con un niño. Un lindo niño por cierto.
—Yo....
—No puede respirar —se me acerca.
—No te preocupes, cariño. Estoy bien —intento calmarlo y calmarme.
—Necesita aire....
—¡Daniel! —esa voz tan varonil me paraliza.
Pueden pasar los años, esa voz puede ser más varonil, pero esa voz yo la reconozco y eso hace que me sienta peor.
—Oh, oh —me centro en el niño que parece entrar en pánico al igual que yo—. Estoy en problemas.
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ERES MI PERDICIÓN
RomanceRené y Jackson han sido mejores amigos desde que tienen cinco años gracias a que sus padres son muy unidos. Los chicos van creciendo y sus sentidos lujuriosos también. ¿Como tomarán la situación cuando estos deseos carnales empiecen entre ellos si...
