OMNISCIENTE
EN ALGÚN LUGAR DE ITALIA
La tranquilidad flotaba en el aire. El sol caía sobre su piel, calentándola mientras bebía un Martini recién hecho y fumaba su habano con profesionalismo. Los sirvientes y sus peones no la veían directamente, bajan las cabezas y los otros miraban todo menos a ella.
Cuidaban, la protegían, daban su vida por ella; les servían como lobos entrenados y marcados. Cada uno de ellos portaba una cicatriz en su cuello de pertenencia, sus pieles fueron quemadas con fierro hirviendo, pero no dejaban que sanara. Ponía excremento de sus cerdos en sus carnes expuestas, no podían llorar del dolor o pedir piedad porque ella no la tenía.
Tomaba su arco y les atravesaba la frente a quienes no tuvieran la sangre negra necesaria para servirlas. Fueron entrenados como animales, hacían cosas inhumanas para demostrar su lealtad a ella. si te rindes te degollaban porque nadie del exterior puede saber lo que sucede dentro del Il Palazzo di Sangue, era una ley.
En cambio, si sobrevivían al entrenamiento eras elegido para recibir la marca, un premio para cada uno de ellos: servirle a ella. Más ahí viene la prueba de vida o muerte: no sucumbir ante las infecciones en la marca a carne viva. Debías ganarle a la fiebre, a las convulsiones, a los delirios, al sudor frío, al vómito y al propio dolor.
Te daban veinticuatro horas para superarlo y al cumplir las horas debías levantarte para iniciar con las ordenes que ella mandara. Todo lo hacían por devoción. Si no lograbas sobrevivir a la infección te encerraban en una habitación con todos los demás que no lo lograron y los dejaban sin agua, medicinas, luz y comida.
Los entregaban a la muerte y solo hasta que el último muriera abrían la puerta. Ella era así. Su ejercito estaba bien entrenado, a la altura para protegerla, servirle ciegamente y mostrar diariamente su lealtad, arrodillados a sus pies.
La llaman la signora senz'anima (la señora sin alma)
Su nombre era el más respetado y temido de toda Italia. Sus ordenes eran ley, sus sentencias eran irrefutadas, la pesadilla más horrible e inhumana y su presencia era el poder que ponía a todos de rodillas. Una mujer de tal calibre gobernaba Italia sin ser comandante del país porque ella era la monarca.
Lo que vivió, el infierno que la quemó y la inhumanidad que la entregó para llegar a tener esa jerarquía era admirado por hombres y mujeres, por ello se amontonan para servirle. Tener a ella cerca significaba el respeto de las demás personas, respirar su mismo aire daba estatus y recibir sus órdenes una bendición.
Por las puertas hasta ingresó una mujer vestida de un elegante traje entallado a su figura; su cabello largo y negro era objeto de atención de todos, su piel pálida y labios rojos caminó hasta llegar a la reposera de oro que se distinguía de las demás alrededor de la enorme piscina porque se cubriría de oro donde sea que ella se siente, todo se convertiría en su trono.
Ella se detuvo a un lado de la mujer acostada e hizo una leve reverencia. —Nicholas Eloy è caduto, mia signora. (Nicholas Eloy ha caído, mi señora) —entonó, con la voz cruda y una expresión inmutable.
La mujer levantó sus lentes de sol, enarcó una victoriosa sonrisa. Habían hecho el trabajo sucio por ella, sin saberlo se decidieron de su problema y no tuvo que mover ni una de sus delicadas manos para enviar a sus mercenarios a deshacerse de quien ya no le servía para utilizar.
—Era de esperarse. Ya se estaban tardando. —bebió de su Martini, un trago de satisfacción inasa endulzó su garganta— Raccontami di più, Consigliere. (Cuéntame más, consejero)
Chasqueó los dedos cuando alzó la mirada para conectar sus ojos con los de su mano derecha porque le llegó el sol directo y solo ese chasquido de dedos fue necesario para que más de cinco personas fueran hasta ella con sombrillas para protegerla del sol. Se alejaron cuando estuvo bien tapada y satisfecha.
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EFÍMERO
Action«La venganza es el manjar más sabroso condimentado en el infierno.» Las Vegas oculta secretos que nadie desea conocer o, de lo contrario, todo aquel que lo desee sucumbirá ante un solo destino: la muerte. El perfecto oasis de diversión, perversión...
