87. El demonio puede escucharlo

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La propuesta que había hecho el cantante había quedado en el olvido de su borrachera. Porque al día siguiente ignoró de igual manera la existencia de Murdoc. Era muy contradictorio, el idiota cuando estaba sobrio apenas cruzaba miradas con Murdoc Niccals, pero en cambio, estando borracho soltaba toda clase de disparates que nada tenían que ver con su actitud de día, demostrando la pureza de sus intenciones.

Parecía que ese imbécil nunca cambiaría, siempre recordaría lo mejor de las personas y lo atesoraría sin importar qué. Muchas veces salió herido por culpa de este hábito, muchas veces por culpa del propio hombre que ahora lo pensaba, junto con otros sermones que no se atrevía a decirle a Stuart.

A los días siguientes Murdoc le dió un respiro a 2-D y dejó que hiciera lo que quisiera por la isla, no le pidió que bebiera de nuevo con él, aunque no por eso el hombre había dejado de alcoholizarse.

El hombre estaba tentado a hacer lo mismo que su acompañante, a ignorar la precencia ajena descaradamente, así que solo le hablaba para recordarle que los instrumentos estaban en el tercer piso. Tenía que hacerlo se suponía que esa era la razón por la que Stuart estaba secuestrado.

- Ustedes dos son demasiado aburridos -dijo un día el demonio a Murdoc.

- Vete a ver algún programa en la televisión si quieres entretenerte.

- Ni siquiera tienes señal aquí.

- Entonces vete a un lugar donde la haya.

- Eres la única conexión que tengo con este mundo, sabes que no puedo alejarme demasiado.

- Lastima que tus instintos demoníacos no puedan ser saciados -bufó Murdoc.

- ¿Es por eso que pediste una isla? -preguntó el demonio con una pequeña risa.

- No cometo el mismo error dos veces.

- Aplaudiría tu audacia de no ser porque un error andante duerme en tus sabanas.

El hombre sabía muy bien que cada palabra escupida por ese demonio había sido meticulosamente pensada para irritarlo, así que no respondió. En cambio volvió su vista a la pantalla que grababa donde Stuart yacía acostado en el sofá-cama de su habitacion, la habitación más iluminada y alta de todo el lugar, totalmente opuesta a la habitacion donde originalmente debía estar. Allí no habían ballenas, allí no habían más lágrimas.

- Mm, ¿sabes? no logro entender -Volvió a hablar Boogieman ante el silencio- ¿Por qué te restringes tanto de hacer lo que quieres? Quieres acercarte a Stuart Pot ¿Por qué no lo estas haciendo?

- No hay razón. Yo hago lo que se me da la puta gana, y no soy tu experimento, hijo de puta. Ve a leer un libro o que sé yo harán los demonios.

Pensó que la charla ya había acabado, sin embargo el demonio siguió.

- Ustedes son iguales -susurró Boogieman de pronto, en un tono burlesco.

- ¿Yo igual a 2-D?

Eso era lo más descabellado que había oído alguna vez.

- Él también quiere acercarse a ti, pero no lo hace, incluso se engaña diciendo que te odia algunas veces al día. Pero yo puedo escucharlo, piensa en ti, piensa en lo que estarás haciendo, en cuando iras a verlo, en si ya comenzaste a beber de nuevo, tu eres casi lo único en los que ese chico pien-.

¡PAM! Un estruendoso golpe al escritorio calló el veneno saliendo del demonio.

- Aléjate y quédate en el maldito parque -ordenó seriamente el hombre. En un parpadeo volvió a estar solo y a los segundos siguientes otro trago de alcohol pasó áspero y rápido por su garganta.

ConfidenteDonde viven las historias. Descúbrelo ahora