Hubo una vez un niño que no entendía el amor. Un niño que no entendía como era posible lograr amar a otro individuo.
Era absurdo.
El mundo en el que había nacido se encontraba plagado de parásitos y desgraciados que se aprovechan de los demás, su padre le enseñó a ser como ellos y su hermano a no confiar en los que aparentaban no ser como ellos.
Sus pequeños ojos rojos solo podían ver la pobreza, la decadencia, la falta de una madre, los niños más grandes molestandolo día tras día por su aspecto, las burlas de su hermano, las burlas de los borrachos cuando cantaba y tocaba la guitarra en la cantina de su progenitor, y la burlas de este mismo al ver que no se daba por vencido en la música.
No había amor en su mundo, no había gentileza.
Y el amor que veía en la ficción, en los comics, en la televisión, era tan lejano a su realidad que lo veía como algo plástico, como una mentira romantizada igual que las hadas. Y es que el amor que contaban esas historias no tenían sentido, estimar a alguien al punto de ser más importante que tu propia vida no suena lógico. Aquel niño no entendía el porqué las personas escogían ponerse bajo esa cadena que era amar a alguien, no entendía a aquellos que sabiendo del irremediable termino y sufrimiento decidían enamorarse, perdiendo el tiempo de tal manera "¿Acaso amar es tan agradable al punto de valer tantos sacrificios?" Se preguntaba sin encontrar nunca una respuesta, no lo sabía, ni lo sabría en mucho tiempo.
Ese niño, podía asegurar no haber amado a nadie, ni siquiera a su familia, no por el rencor, ni el odio, sino porque simplemente nunca había creado lazos con ellos. Su padre y su hermano pasaban de él, como si fuera un objeto más de aquella casa, como si fuera algo que estaba allí por sentado, no hubo esfuerzo de sus partes, por lo que quién jamás vio el ejemplo tampoco se esforzó más adelante en sus relaciones personales, dejando inevitablemente años después a un hombre solitario rodeado de gente pasajera. Amigos, colegas y amantes, nadie fue indispensable.
Hubo un niño que no entendía el amor y posteriormente hubo un hombre que no había amado a nadie nunca. Un hombre que ya no buscaba entender nada, sino seguir sus deseos sin importarle el resto.
Nadie a su alredor era importante, por lo que nunca trató de aparentar amabilidad o bondad con tal de ser socialmente correcto.
Él no era buena persona ni quería serlo, no quería ser parte de aquella broma de mal gusto. Un buena samaritano no es más que un narcisista encubierto en busca de halagos.
Por esto Murdoc nunca intentó esconder su avaricia o parecer alguien que amara al prójimo, él era un satanista, el centro de su vida era él mismo y nadie más. Y quizás por esto a otros les parecía tan chocante las actitudes de Murdoc Niccals, porque él era auténtico a su naturaleza humana, no intentaba ocultar nada, no tenía qué. Jamás quisó quedar bien con nadie.
Así era él desde niño, por lo que llegó a la conclusión de que todos eran de aquella forma, que todos fingían amabilidad. Pero un día conoció a Stuart Pot y se dio cuenta de que había otro tipo de personas en el mundo, un tipo bastante estúpido, que regalaba afecto indiscriminadamente.
Aquel nuevo espécimen parecía no tener ninguna pizca de ego ni codicia, simplemente su interés era recibir un uno por ciento de lo que daba a los demás, incluso menos. Aquel nuevo espécimen era tan extraño que incluso fue capaz de encariñarse con una persona tan fría que jamás había amado a nadie, era tan extraño que incluso la persona que no entendía el amor fue capaz de sentirse amado. Y no sólo por parte de ese idiota, el cariño había abierto una puerta, en la que sus demás compañeros de banda entraron con acciones desinteresadas que a Murdoc le parecieron genuinas por primera vez. Esas tres personas se convirtieron en la excepción, esas tres personas habían pasado a ser lo más parecido a una familia que habia tenido en toda su vida.
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Confidente
Fanfictie«- Podemos invertir los Papeles ... Sólo cuentame todo y Murdoc será nuestra alma frágil » - Ambientado en la tercera fase - 2doc! La autora no se hace responsable de los daños sentimentales provocados por su obra
