57. Desalojo

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Mis ojos cansados miran alrededor, a un entorno casi vacío que no hace más que hundirme. Mi cuerpo pesado reposa  en el sofá, un sofá que a pesar de no ser viejo ha sufrido el descuido de su dueño, ya no es tan blanco como solía ser, manchas y quemaduras de cigarro adornan su tela desgastada y rasgada quien sabe porqué, tan usado pero aun cómodo, cómodo pero no lo suficiente como para dejar este lugar.

Nunca antes había sentido tanta simpatía, ni me había identificado con un sofá.

Una seca risa escapa de mis labios.

Y nunca antes había odiado tanto el color beige, frente a mí
un montón de cajas se esparcen por todo el primer piso ordenadas meticulosamente por Cy.

Plastic Beach está siendo desalojada.

Lo que menos pensé que sucedería lo está haciendo, nos iremos y luego de eso Murdoc me dejará libre.

Lentamente me recuesto en el maltratado sofá, me acomodo en el espacio no tan estrecho y me abrazo a mi mismo por él frío, busco resguardo, no tengo las suficientes ganas como para ponerme de pie y cerrar el ventanal.

En realidad con frío o no, de todas maneras necesito refugiarme, cerrar mis ojos y despegarme de lo que sucede, sentir tranquilidad y dejar que el cansancio me lleve a un sueño donde no siento esta constante pena. Donde sus brazos están a mi alrededor, donde sus palabras se mezclan con una melodía cualquiera de un bajo y un teclado que se complementan tan bien que parecieran haber sido hechos para tocar al unísono.

Necesito desconectarme,  necesito olvidar que estoy rodeado de objetos guardados en unas cajas de cartón, y que mi mente al mismo tiempo guarda cada anecdota, cada deseo, guarda cada momento sabiendo que en un futuro no habrá nada igual.

Acaricio la tela bajo mis dedos añorando que lo que toco por arte de magia deje de ser lo que es.

Es tonto, yo lo soy, pero aun así lo deseo.

Mis párpados caen y una sonrisa aparece con otro recuerdo más.

«— ¿Estas bien? ¿Como te sientes?.

— Cansado –respondo acariciendo la piel bajo mis dedos.

— ¿No te incomoda dormir aquí? –pregunta y sonrío ante su insistente gentileza– ¿O quieres-.

— Estoy bien, mejor que nunca...»

— ... contigo a mi lado, podría dormir hasta en el suelo y seguiría siendo cómodo –vuelvo a abrir los ojos y mi sonrisa vuelve a desaparecer– ... ¿Eso fue muy cursi?.

Las cajas vuelven a aparecer, la realidad llega de golpe y a penas me deja respirar por eso vuelvo a cerrar mis ojos para escapar de lo inevitable.

«— Nunca pensé que con esa letra tan melosa que me mostraste al principio, esa canción podría transformarse en esta obra maestra –confiesa.

— Somos gorillaz ¿Que esperabas? –bromeo y él ríe.

— Bueno tienes toda la razón – me sonríe y siento como mi corazón se acelera con pequeños detalles que se han ido acumulando, como su cercanía, su hombro tocando el mío, su pierna sobre la mía, su sonrisa y sus ojos que no se alejan de mi rostro cada vez que hablo.

— Te dije que podría ser una buena canción y no me creíste, deberías darme una recompensa por On melancholy hill.

— Mmm –se acerca unos cuantos centímetros– te doy la razón y el derecho de poder ir a descansar ahora.

— Q-que ab-urrido Mudz –me quejo intentando no demostrar mi nerviosismo por su cercanía.

— Y tu que interesado –se pone de pie y por fin puedo respirar correctamente– ahora ve y toma mi recompensa – me ofrece su mano y la tomo.

ConfidenteDonde viven las historias. Descúbrelo ahora