11. Distante

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«— No me gusta este silencio.

A pesar del suelo de madera vieja que pisamos nuestras pisadas son mudas, lo único sonoro es el leve  susurro de nuestras respiraciones. Esto es raro.

Lo sujeto de su chaqueta de cuero para seguirle entre la oscuridad, más de una vez paso a pisarle pero ni se inmuta, no alega, no habla, no produce ruido alguno.

— Murdoc.

El Silencio responde e insisto.

— ¿Murdoc? ¿Por qué estas tan callado?.

Sigue caminando en silencio y  le sigo a rastras. Desde aquí siento su olor, es lo único que me corrobora que es Murdoc a quien sigo y no otra persona.

Interminables pasos comienzan a detenerse, la luz vuelve tenuemente y él se gira.

Sus ojos miran directo a los míos, por alguna razón no puedo despegar la mirada, sus ojos, hay algo.

Lo-los dos son negros, eso es, su ojo rojo ya no está.

— Murdoc...

— Shh –su mano llega a mi mejilla y la acaricia lentamente con una leve sonrisa.

Observo todos sus movimientos, inusuales, observo pero no actúo, me quedo completamente quieto ante su tacto, pero no es porque esté sorprendido sino que me gusta estar así. Cierro mis ojos por un momento y siento como su otra mano llega a mi rostro acunandolo. Su tacto es cálido. Su respiración choca contra mi mejilla, se acercó. Apoya su frente en la mía, nuestras respiraciones se mezclan, se siente cálido. Abro mis ojos lentamente desvaneciendo la calidez al encontrarme con dos planetas oscuros en mi dirección.

— Tus ojos.

— Shh – su nariz toca mi mejilla, está muy cerca.

— ¿Que pasó con tus ojos? –insisto nuevamente.

De la forma en que se acercó, de a poco se alejó, como si una cinta rebobinara. En ningún momento despega sus ojos de mí, extrañamente yo tampoco lo hago, quizás sea la primera vez que sostengo por tanto tiempo la mirada a Murdoc. Y por esto me doy cuenta de como su ojo se va tiñendo lentamente a carmesí hasta llegar al rojo vivo, su pupila brilla y algo cambia en él.

— Imbécil –me empuja y una sonrisa maliciosa cursa su rostro.

— Mu-murdoc.

— Al parecer no te gusta la buena forma.

Se acerca nuevamente de forma totalmente distinta a la anterior, ahora es imponente y yo estoy intimidado.

— ¿Jamas escuchaste aquella frase de Beethoven: “Nunca rompas el silencio si no es para mejorarlo" ?

—Creó que lo-lo oí alguna vez– digo con voz débil después de otro silencio eterno.

— ¿En serio face-ache? –pregunta desconcertado – ¿Entonces?–ladea la cabeza– ¿Por qué contaminas al silencio con tus palabras?.

— Mur-.

— Shh –tapa mi boca– si vas a decir algo que sea cantando, no soporto esa voz chillona –entierra sus uñas en mis mejillas y se me escapa un alarido silenciado – Desde ahora sólo cantaras, cantaras y nada más, cantaras hasta que tu voz se rompa y no pueda más, cantaras para mí en la eternidad.»


....

— ¿2-D? –la cara de  Damon aparece ante mis ojos, siento como me sacude y para su acción al darse cuenta de que estoy despierto– ¿Con pesadillas nuevamente?.

ConfidenteDonde viven las historias. Descúbrelo ahora