40. Permanecer

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—  ¡Ahhh ya! – Grité entre risas mientras cerraba  los ojos  con el viento en la cara.

— Ogh mierda – Tropieza y ambos casi caemos de pleno en la arena– Sujetate  bien, caiga o no, haré esto.

— Ya rindete viejo debilucho.

— ¿Qué acabas de decir? –pregunta Avanzando nuevamente– creo que tendré que volver a disciplinarte, estas muy confianzudo.

— Es tu culpa –muerdo su oreja.

— Agh mierda –tropieza nuevamente– se me olvida tu complejo de perro.

Apoyo mi mejilla en su cabeza y me afirmo bien de él intentando no ahorcarle.

A pesar de que todo esto haya empezado de un reto, lo encuentro un lindo detalle. Me corté el pie con un vidrio que probablemente Murdoc y yo no sacamos semanas atrás, no fue grave pero me dolía al caminar y ahora a pesar de que fue un pequeño corte me lleva cargando en su espalda.

— Murdoc si estas muy cansado...

— Shh –me calla– no voy a bajarte hasta llegar a la sala.

No quiero emocionarme con esto , no es nada, me digo, sin embargo mi sonrisa de oreja a oreja demuestra que ahora por un pequeño detalle estoy más alegre que nunca.

Cierro los ojos y dejo disfrutar el momento a mis sentidos. Su olor me envuelve en una calidad que es igualada por su tacto, la seguridad que siento me deja tender todo a sus manos, sus pequeñas pausas para preguntarme cómo estoy aceleran mis latidos, y un rosado que se ha vuelto constante adorna mis mejillas.

— Ya llegamos al ascensor –avisa y abro los ojos viendo nuestro reflejo– ¿Tienes sueño? –pregunta.

— No, solo me relaje un poco –sonrío viendo su reflejo consiguiendo lo mismo de vuelta– gracias Murdoc –Susurro.

— ¿Por qué agradeces? Yo te robe los zapatos, te cortaste por mi culpa, me extraña que no me estés alegando como siempre.

— No fue tu intención y ¿A que te refieres con siempre eh? – las puertas se abren y él comienza a caminar– aquí el gruñón  eres tú.

— ¿Yo? –pregunta haciendose el sorprendido– Baja con cuidado –se agacha un poco y me bajo de su espalda, pero para mi mala suerte toco el suelo con la parte afectada.

— Agh mierda – agarro su camiseta para afirmarme.

— Imbécil –murmura Murdoc y se gira para verme– todo mi esfuerzo para nada –mira mi pie– ya sientate –dice y le hago caso– dejame ver– levanta mi pierna para poder ver la planta del pie– todavía sangras.

— ¿Y-y cuando dejare de hacerlo?.

— Luego –responde seguro y  y el poco de miedo se me va– luego de que te desangres.

— ¿Qué? –pregunto sobresaltandome.

— Broma – sonríe mostrando sus dientes.

— Ay imbécil – le doy un pequeño empujón y se aleja buscando algo– oye... –hablo momentos después, luego de que Murdoc  haya dado un recorrido entero de la mansión en busca de no se que–¿Qué buscas?.

— El botiquín.

— ¿Lo encontraste?.

— No, ni puta idea de donde está –se rasca la cabeza y me pasa papel higiénico para secar la sangre de mi pie.

— ¿A que hora crees que lleguen? –pregunto hablando de Jamie y Damon quienes vendrían hoy.

— Se supone que pronto, bueno espero que lleguen pronto, Cyborg debe saber del botiquín –dice pensativo y una sonrisa se me escapa.

ConfidenteDonde viven las historias. Descúbrelo ahora