¡Sabe que existo! -3-

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¿Qué importa el color de ojos de alguien si no te atreves a mirárselos? Dicen que en la mirada se refleja el alma... tal vez tengo miedo de sentir su alma desnuda frente a mí y que perciba el temblor en mis ojos y el brillo soñador en ellos...

La semana siguiente no tuve oportunidad de salir a ningún lado, ni sola ni con Ángel, ni especialmente a su facultad. Me conformaba con sentarme a descansar entre clases en el pasillo, en las escaleras o donde pudiera tener cinco minutos de paz.

Era temprano cuando terminó la primera clase. Me senté en el escritorio esperando al siguiente profesor, cuando escuché a alguien cantar afuera de mi salón.

¿Qué? Me asomé por las grandes ventanas y ahí estaba él, sentado con dos personas en unas bancas redondas de metal verde. Tenía las manos cruzadas detrás de la cabeza y los pies sobre la mesa. Cantaba mientras sus amigos platicaban entre ellos.

¡No lo podía creer! ¿Qué hacía José en mi escuela?

Escuché la puerta cerrarse, así que volteé y vi al profesor acercarse al escritorio. Me bajé rápidamente y tomé asiento cerca de la ventana, con el claro propósito de escucharlo más cerca de mí. Pero ya no se escuchaba nada, ni su voz ni la de sus amigos. Tenía tantas ganas de levantarme y asomarme para ver si seguían ahí. Llevaba muchos días sin verlo... Pero al salir de clases había tanta gente que ya no lo encontré.

Por fin tuve un descanso y fui por Ángel temprano para ir a tomarnos nuestro café matutino. Mientras loesperaba en la banca de cemento comencé a escribirle un mensaje por WhatsApppara apurarlo, porque tenía que llegar a dos clases más tarde.

Estaba con la mirada hacia abajo cuando escuché:

—¿Por qué no has ido a verme cantar?

Levanté la cabeza y era lo más hermoso que podía ver. Enmudecí y sentí cómo un leve calor subía por mis mejillas.

No, por favor.

Me limpié con disimulo las manos que empezaban a sudar. Otra vez me intimidaba. No contesté y bajé la mirada hacia mi celular en un intento de enviar el mensaje.

Él me sonrió de lado, esa sonrisa torcida que tanto me gustaba.

—¿Me puedo sentar?

—Sí —dije nerviosa. Quité mi bolsa para despejar un poco el lugar y la puse sobre mis piernas.

—¿A quién le llamabas? ¿A tu novio? —arrugó un poco los ojos.

—¡Qué! ¡No! No es mi novio —dije rápido, y por fin le sostuve la mirada. Era la primera vez que podía verlo a los ojos de cerca y no me lo iba a perder por mi timidez, que solo él lograba sacar a relucir—. Es mi amigo.

No podía dejar de verlo. Era tan guapo de cerca. su cabello parecía el de alguien que alguna vez tuvo un buen corte y llevaba ya bastante tiempo sin volver a la barbería. Aun así, se veía perfecto, incluso sin rasurarse.

—No me contestaste —insistió mientras miraba a través de mi hombro.

No entendí, así que entrecerré un poco los ojos y ladeé la cabeza.

—¿Cómo?

—Sí, ¿por qué no fuiste a verme cantar? —se levantó rápido.

No respondí. En ese momento sentí una mano en mi cabello: era Ángel.

José no esperó mi respuesta. Me sonrió y luego inclinó la cabeza en un saludo breve para Ángel.

Después se fue.

Lo vi alejarse, como tantas otras veces.

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Malos EntendidosDonde viven las historias. Descúbrelo ahora