Si las paredes hablaran, (¿o las guaridas?)-37-

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Un secreto es la práctica de compartir información entre un grupo de sujetos, en la que se esconde información a personas que no están en el grupo.

Ahora pregunto: ¿un lugar cuenta cómo sujeto?.

No lo creo, dicen que los lugares son los objetos más confiables.

 

Al llegar a la guarida y ver a mi Jos, hizo olvidarme por completo lo sucedido en la escuela.

-¡Hola preciosa!, ven- nos fuimos directo al sofá y tomó su guitarra, justo como aquella primera vez que conocí su casa, sus amigos, la guarida, su cómodo sofá café.

Tocó una canción.

-No te la puedo cantar bien porque necesito el acompañamiento de mis amigos-.

-Me imagino que sí-

No dejé de mirarlo, tocó otra parte de otra canción y el vicio en su voz, el arrastre del aire, esa ronques en las vocales, lo amaba.

Aparté la guitarra de sus manos y me senté en él para besarlo. Sus manos que hacía unos minutos mostraban sus dotes en la guitarra, ahora exploraban mi cuerpo, sin dejar de besarlo y tocarlo, su música se paseaba en mis poros, los abría y entraba para depositarse dentro de mis células, para reposar, para quedarse ahí, como recuerdo.

Esta vez la prisa no me invadió, no tenías clases, ni tareas sonando en mi mente, mucho menos mi Jos, que ahora dedicaba todo su tiempo a la música y a mi.

Era principio de semestre y sólo duraba unos días ese relajante lapso sin pendientes ni trabajos.

Así que me hundí en el cuerpo de mi Jos, en su pecho desnudo y peludo, en su bien definido abdomen, disfruté la simetría entre sus muslos y observé, como siempre, ese cambio en su cara, amaba ver cómo se le descomponía en gestos, en miradas, y en leves y silenciosos gemidos.

La guarida se convertía de nueva cuenta en nuestra cómplice, guardando nuestros secretos, palabras, nuestros cuerpos desnudos ansiosos de amor.

-Estoy trabajando en algo para ti- sonrió mientras me besaba.

-¿Una canción?- mencioné sin esconder la emoción.

-Varias, diría yo, eres mi hermosa muñeca musa-

-¿Varias?- lo miré.

Volvió a acomodar mi cabeza en su pecho con una mano, mientras la otra seguía acariciando mi espalda tibia.

-Si, pero esta vez son un poco mas ruidosas-

Ruidosas, lentas, a capela, no importaba, eran mías, egoístamente mías.

........

Gracias x leerme.

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