El contacto de piel a piel... simplemente ¿un riesgo o un beneficio? Me inclino por el beneficio, aunque resulte riesgoso.
El miércoles mi amigo Ángel fue por mí a la universidad. Me sentí feliz de verlo, pero también llevaba una sensación de vacío en el estómago al saber que era otro día sin saber nada de José.
Chaparra, necesito un favor.
Ángel envió un audio.
¿Puedes venir a traerme los libros que dejé el otro día en tu carro?
Claro, encantada de ir a tu escuela, respondí de inmediato.
Era jueves y, aunque solo tenía un momento libre, podía aprovecharlo.
Llegué y me dirigí directo al lugar donde siempre lo esperaba. Me senté en la banca de cemento, del lado donde daba la sombra del árbol, y esperé. Escuché pasos detrás de mí y volteé esperando ver a Ángel. Pero en lugar de él venía José caminando hacia mí. Sentí que se me aceleraba el corazón y que las manos empezaban a sudar.
—¡Hola! Hace rato que no te veía —dijo, haciéndome una señal para preguntarme si podía sentarse.
—¡Hola! Sí, claro.
Retiré los libros que llevaba para Ángel. De los nervios, uno cayó cerca de mis pies. Me incliné a recogerlo justo cuando mi guapísimo acompañante hacía lo mismo. Nuestros dedos se tocaron por un segundo. Lo miré y sonreí, avergonzada.
Qué pena, seguro sabe que estoy nerviosa, pensé mientras volvía a apilar los libros del otro lado de la banca, donde daba el sol y no estorbarían entre nosotros.
—Me llamo José, ¿y tú?
—Violeta —respondí, sin poder dejar de sonreír.
—Tienes muy bonita sonrisa. ¿Esperas a tu novio?
Todo rastro de alegría desapareció de su rostro.
—¿Novio? No —negué con la cabeza.
Otra vez me pregunta eso, pensé.
—No tengo novio. ¿Y tú?
Qué obvia, me reproché en silencio.
—Tampoco. Me tengo que ir, tengo clase en cinco minutos. ¿Te puedo pedir tu número de celular?
—Sí —respondí, sintiendo que el corazón se me salía de la emoción.
Se lo dicté.
—La persona con la que siempre andas... ¿sales con él? ¿O algo así?
Esa seriedad en sus ojos no dejaba de hipnotizarme.
—¡No! ¡Claro que no! Es mi mejor amigo.
¿Otra vez?
Sentí que alguien me acariciaba la espalda y tomaba los libros que estaban a mi lado. Era Ángel. Me sonrió y me saludó con un beso en la mejilla.
—¡Gracias, me salvaste! ¡Ah, hola! —saludó a José con una sonrisa.
José no respondió. Solo movió la cabeza y levantó ligeramente las cejas a modo de saludo.
El silencio se volvió incómodo. Ese tipo de silencio en el que nadie sabe qué decir y todos se miran entre sí.
—Me voy, mi clase es en el último edificio —dijo José, levantándose.
Yo me puse de pie casi al mismo tiempo.
—Sí... cuídate.
Sentí una pequeña tristeza al despedirme sin saber si iba a llamarme. Él nunca me había dado su número y a mí me dio pena pedírselo. Se acercó y me abrazó. Tuvo que agacharse un poco, porque era demasiado alto y yo... un poco pequeña.
Sentí su cuerpo pegado al mío, su olor, sus manos alrededor de mi espalda. Yo apoyé un lado de mi cara en su cuello y apreté ligeramente su cabello entre mis manos.
Qué sensación tan deliciosa. Podría haberme quedado así todo el día.
Se fue y me quedé viéndolo alejarse entre la gente. Ángel me tomó de la mano y me sentó de nuevo.
—¡Me tienes que contar todo lo que pasó! En la noche te llamo. Ahora me tengo que ir. Gracias por el favor.
En ese momento sonó mi celular. Lo contesté apenas lo acerqué a mi oído.
—¡Hola, preciosa!
Sentí cómo la alegría explotaba dentro de mí.
—¡Hola! ¿José?
—Solo quería confirmar que no me habías dado otro número... y para que grabes el mío. Con eso de que parecía que no lo querías —se burló.
—No, ¿cómo crees? Ya lo guardo —dije, mientras empezaba a buscarlo con la mirada alrededor, sin éxito.
—Nos vemos, preciosa.
Colgó.
Ángel me miró con los ojos muy abiertos.
—Definitivamente no ocupes tu teléfono en la noche. Te quiero. Adiós.
Me abrazó y se fue corriendo a clases. Me quedé unos minutos sentada en la banca.
Preciosa.
Repetí esa palabra una y otra vez en mi mente. Luego también me fui. Flotando, en lugar de caminando.
.....
¡Hola !
¡Gracias por tu voto!
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Malos Entendidos
Teen FictionLas mujeres siempre nos enamoramos del chico malo, pero no solemos quedarnos con él... Novela registrada en safe creative código 1304124936009
