Intercambio -5-

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El contacto de piel a piel... simplemente ¿un riesgo o un beneficio?
Me inclino por el beneficio, aunque resulte riesgoso.

El miércoles, mi amigo Ángel fue por mí a la universidad, aunque me sentí feliz de verlo, sentía una sensación de vacío en el estómago al saber que era otro día sin saber de José.


Necesito un favor.

Recibí un mensaje de Ángel a mi celular.

¿Puedes venir a traerme los libros que olvidé el otro día en tu carro?


¡Claro, encantada de ir a tu escuela!

Contesté de inmediato.

Era jueves y aunque solo tenía un momento libre podía aprovecharlo. Llegué y me dirigí directo donde siempre lo esperaba, me senté en la banca de cemento del lado donde se cubría por la sombra del árbol y esperé. Escuché pasos detrás de mí y volteé esperando ver a Ángel, pero era José dirigiéndose hacia la banca, sentí que se me aceleraba el corazón y comenzaron a sudar mis manos.


—¡Hola!, hace rato que no te veía —dijo mientras hacía señas de poder sentarse.


—¡Hola!, si claro.

Retiré los libros que le llevaba a Ángel. De los nervios uno cayó cerca de mis pies y lo recogí rápido al mismo tiempo que mi guapísimo acompañante también se agachaba por él, por lo que nuestros dedos se tocaron y lo miré sonriendo avergonzada.


¡Qué pena!, ha de saber que estoy nerviosa.

Pensé mientras volvía a apilar los libros del otro lado de la banca, donde daba el sol y donde no fueran un obstáculo para estar cerca de él.


—Me llamo José, ¿y tú?


—Violeta —no podía dejar de sonreír.


—Tienes muy bonita sonrisa, Vi ¿esperas a tu novio? —desapareció todo rastro de alegría en su rostro.


—¿Novio?, no —negué con la cabeza.


De nuevo me pregunta eso.


—No tengo novio, ¿y tú?

Qué obvia.


—Tampoco, me tengo que ir, tengo clase en cinco minutos, ¿Vi, te puedo pedir el número de celular?


—Sí —respondí mientras sentía que se salía mi corazón de la emoción y se lo dicté.


—El chavo con el que siempre andas... ¿sales con él? ¿O algo así?

Esa seriedad en sus ojos no dejaba de hipnotizarme.


—¡No!, ¡claro que no!, es mi mejor amigo.

¿De nuevo?


Sentí que alguien me acariciaba mi espalda y tomaba los libros que estaban enseguida de mí; era Ángel me sonrió y me saludó dándome un beso en la mejilla.

—¡Gracias, me salvaste! ¡Ah hola! —saludó a José con una sonrisa.


José no respondió, solo movió la cabeza y levantó sus cejas en forma de saludo; me sentí incomoda por el silencio.

—Me voy porque es en el último edificio mi clase —respondió mientras se levantaba y yo seguida de él.


—Si, cuídate —sentí tristeza al tener que despedirme y no saber si iba a llamarme puesto que él nunca me dio su número de celular y a mí me dio pena pedírselo.


Se acercó y me abrazó, tuvo que inclinarse un poco porque es demasiado alto y yo un poco pequeña. Sentir su cuerpo pegado al mío, su olor y sus manos a mi alrededor, coloqué un lado de mi rostro a su cuello y oprimí un poco su cabello con mi mano, era una sensación nueva y adictiva, podría estar así siempre. Se fue y me quedé con los labios semi abiertos viéndolo, Ángel me tomó de la mano y me sentó de nuevo.


—¡Me tienes que contar todo lo que pasó! en la noche te llamo, ahora me tengo que ir, gracias por el favor.


Sonó mi celular interrumpiendo, lo contesté y apenas lo puse en mi oído:


—¡Hola preciosa! —sentí alegría dentro de mí.


—¡Hola! ¿José?


—Solo quería confirmar que no me habías dado otro número y para que grabes el mío, con eso de que parecía que no lo querías... —se burló.


—No, ¿cómo crees? ya lo grabo —empecé a buscarlo con la mirada sin éxito.


—Nos vemos preciosa —colgó.


Ángel me miró y abrió la boca.


—Definitivamente no ocupes tu teléfono en la noche, te quiero. Adiós.

Me abrazó y se fue de nuevo a clases. Duré unos minutos sentada.

Preciosa. Repetí en mi mente una y otra vez. Luego también me fui. Flotando.

.....

¡Hola !

¡Gracias por tu voto!

Malos EntendidosDonde viven las historias. Descúbrelo ahora