Corazón destrozado -74-

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El corazón es el único órgano del cuerpo que aun destrozado, sigue funcionando. Lo malo es que al tenerlo roto, empiezas a repartir, solo,  pedazos de él.

 

Entré al carro de Ángel prendiendo el aire lo mas frío que se podía. Como si con ello mis pensamientos pudieran congelarse y quedarse así de quietos sin molestarme todo el camino.

Me estacioné y cerré los ojos un instante dentro del carro. Los nervios me revolvían el estómago. Respiré y miré la entrada de su casa, limpié de nuevo el sudor en mis palmas. Me bajé y cerré la puerta despacio, como si intentara no hacer ruido. Ignoro la causa, tal vez el miedo me hacia actuar diferente. No; la verdad temía que al darse cuenta de mi presencia me ignorara. La reja estaba abierta. Así que entré y vi sus carros estacionados. Pasé por un lado del negro para dirigirme hacia el pasillo; a cada paso que daba sentía más y más pesadas mis piernas.

¿Y si no me aceptaba? ¿Y si aun no me perdonaba?

Debía hacer que me escuchara, explicarle detalle a detalle cómo me sentía y por qué ignorantemente pospuse poco a poco el día para contarle que me iba. Y de cuánto me arrepentía por ello.

Necesitaba hacerle entender que yo lo amaba por sobre todas las cosas y por sobre mi. Tanto que lo dejé todo para estar juntos. Sonreí un poco al imaginarlo de nuevo cerca de mi, besarlo, su boca, sus brazos presionando mi espalda y cintura.

Observé con tristeza mi decoración destruida, contuve las lágrimas y el aliento. Miré la guarida frente a mí y su puerta semi abierta, la cual era señal de que mi Jos se encontraba dentro. Pasé saliva y respiré profundo.

Al acercarme a la puerta sonó mi celular.

Ángel.

Lo saqué de mi bolsa al mismo tiempo que empujaba la puerta.

Luego… simplemente se cayó de mis manos al ver la escena frente a mí.

Mi Jos sin camisa sobre la estúpida y semidesnuda de Ángela, él me miró con esos ojos que amaba tan abiertos y se levantó del sofá tropezándose con la ropa en el suelo.

Ángela se enderezó sin siquiera taparse los senos y me sonrió desde lejos.

Me quedé sin respiración.

Todo de pronto se volvió blanco y sin sonido. Traté de salir corriendo de ahí pero sentí cómo mis pies no me respondían. Entré como a un túnel sin ruido y me sujeté del marco de la puerta cerrando los ojos. De pronto los abrí y todos los sonidos y colores se hicieron presentes golpeándome la cara y levanté la mirada.

Jos se acercaba a mí y yo obligué a mis piernas a avanzar. Caminé escuchando mi corazón latir dentro de mi cabeza, tan fuerte que me dolió cada pulsación.

Creo que me hablaba o me gritaba algo, no sé ¿mi nombre?

Yo no escuchaba absolutamente nada más que un zumbido en mis oídos.

Giré al ver lo cerca que se encontraba de mi.

Las paredes del pasillo se agrandaron inflándose hacia sus costados como si sintieran lástima por mí, haciendo espacio para que yo terminara de irme, mi vista estaba por completa borrosa y fui tropezando y atropellando todo aquello que me impedía avanzar hacia el carro.

Llegué a las cocheras sin respiración, temblando y con mil lágrimas impidiendo una buena visibilidad. Me apoyé en sus carros, me sentía totalmente mareada y traté de respirar un poco. La realidad insistía en recordarme la traición de mi Jos, y extendí mi mano para abrir la reja y terminar por irme.

De pronto otro tipo de fuerza débil me detuvo, atrayéndome hacia el lado contrario y fue cuando reaccioné en ese momento.

Sus manos, ese tacto caliente sobre mi piel fría ausente de sangre me despertaron sacándome de esa cueva oscura donde me encontraba.

Me solté golpeando con todas mis fuerzas todo aquel contacto suyo con mis manos y lo miré con odio, ese odio que nunca pensé que existiera dentro de mi.

-¡Espera, deja te explico!

-¡Hazlo!- grité.

Por primera vez lo vi llorar frente a mí.

-¡Explícamelo!

Titubeó sin decir una sola palabra, su nostalgia censuraba las lágrimas que luchaban por brotar entre su voz entrecortada. Seguía mirándome, ahogándose entre sus propios pensamientos, palabras y gritos internos, todo aquello que le impedía actuar con inteligencia y rapidez.

No logro siquiera, una sola palabra más.

-Eso pensé- le reproché con un tono de voz amenazante.

Abrí la reja casi a empujones y a tientas me subí al carro, lo prendí torpemente y me fui lo mas rápido que pude.

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