Sin casa... y sin esperanza -80-

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En las despedidas enfocamos toda nuestra tristeza en personas que no verás ya. ¿Pero qué pasa con lo material? La energía bañada en recuerdos se queda en todos y cada uno de los objetos que dejamos detrás…

Desperté melancólica, nerviosa de lo que me esperaba. Tenía las maletas listas, ya que el avión salía en la tarde. Desde ayer que no comía nada, como todo este tiempo, así que decidí que cuando llegara Ángel iría por un café y algo para comer.

Miré mi cuarto, ahora sí, totalmente vacío, pero solo de muebles porque éstas paredes quedarán impregnadas de recuerdos, de besos, llanto, sexo, música y dolor.

Sí, también de amor.

Cerré despacio mi puerta y sequé mis lágrimas. Ángel tomó mis maletas y nos fuimos a su casa.

Comimos y terminando le pedí prestado su carro para ir por nuestro café, aunque lo que buscaba realmente era manejar sola, respirar por ultima vez la ciudad, sonreír a las personas y tocar el suave viento por la ventanilla.

Eso hice y la sensación de vacío continuaba, esa ansiedad no me dejaba respirar con normalidad.

¿Pero qué estoy haciendo?

Manejé y llegué a la casa de mi Jos. Abrí la reja y sus carros estaban ahí, toqué por primera vez la puerta principal. Mis manos se derretían al cabo de unos segundos y mi nariz no daba a abasto para llenar mis agitados pulmones, así que abrí un poco la boca para ayudar a no desmayarme de los nervios. Abrió la puerta y se quedó mirando mis ojos, no descifré su mirada.

¿Sorpresa? ¿Enojo? ¿Mal momento?

Traía un short café sin playera y admiré su cuerpo como solía hacerlo. Él entró dejándome ahí parada, por lo que pensé que era una incómoda señal de pásale. Lo seguí cerrando la puerta detrás de mí y se sentó en el sillón sin siquiera mirarme.

-¿Qué haces aquí?

Una punzada entró en mi pecho para terminar clavada en mi garganta.

-Vine a despedirme, me voy en unas horas –apenas suspiré la respuesta.

Yo continuaba de pie a unos pasos de la entrada. Viéndolo. No me miraba, de hecho se sentó de espaldas a mí.

-Que te vaya bien.

Tomó su guitarra y comenzó a deslizar sus dedos, ignorándome. Yo ahí petrificada del dolor que me causaba su indiferencia, oprimiendo mi corazón sin importarle mi presencia, continuaba el silencio.

-Quiero saber qué sientes por mí.

Negó con la cabeza.

-¿Nada? –gemí.

Volvió a negar y mi pecho ya sin fuerza para oxigenar mis pensamientos me debilitaba. Subí la mirada al techo y contuve el llanto. Asentí y caminé hacia él. Miré su espalda desnuda, su cuello y el leve movimiento de sus brazos, estuve a punto de tocarlo, de acariciar su cabello, de obligarlo a girar para que me viera de frente.

¡Explícame, te escucho! ¡Convénceme, hazlo, borra todo, hazme volver a ti!

Estaba por tirar todos mis sueños e irme con él, deseaba gritarle que me iba a Londres, que lo seguía a donde él quisiera.

¡Convénceme de tu error!

-¿Dudas? –Tartamudeé- ¿dudas de tus sentimientos?

-Nunca fui para ti, lo de nosotros fue mi gran error.

Comencé a llorar y esa punzada se enterraba cada vez más y más hondo.

-¿Quieres que me vaya?

-Es lo mejor Tania.

Tania.

No podía respirar, el dolor quemaba mi pecho y me llevé la mano a él, intentando dominar ese ardor.

Ya no me ama, lo arruiné al mentirle sobre Alan.

-Alan no irá conmigo.

-No mientas –murmuró mientras seguía de espaldas en su sillón, tocando levemente la guitarra.

-¿Ya no me amas?

No contestó de inmediato, por un segundo la guitarra cesó, levantó la mirada hacia enfrente y negó con la cabeza, quería caminar hasta ponerme delante de él y verlo a los ojos. Que me dijera en mi cara que no me amaba, pero el dolor y el miedo a que fuera verdad debilitaron mis intenciones.

Era mejor seguir con mis planes, esto se había acabado.

-Me voy Jos.

Me ignoró y continuó tocando en bajito, tocándola sin tocar. Me fui lenta hacia la puerta, arrastrando los pies, mis lágrimas silenciosas, mi corazón y su orgullo. Mi dignidad.

¡Alcánzame, detenme! ¡Vamos!

 Giré mi cuerpo y lo miré.

¡Arrepiéntete! Por favor…

Mi mente esperanzada gritaba tan alto esperando ser escuchada, llegué a la puerta y me detuve, volteé y él continuaba en el sillón, de espaldas no solo a mí, si no a cualquier esperanza de retomar nuestro amor. Miré por última vez su sala, el pasillo y las escaleras que mil veces subimos.

Contra la duda no puedo hacer nada.

Cerré la puerta tras de mí. Cerré mis pensamientos, mi alegría y mis recuerdos. Caminé y abrí el carro, giré mi cabeza hacia su ventana. Nada.

Manejé de nuevo con Ángel.

-Todo irá mejor cuando te vayas. Ya lo verás chaparra.

No, no es verdad.

****^*****

 

Después de las fechas, retomo la novela. Capítulo por semana!

¿Qué opinan, que se regrese a rogarle? No creoooo

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Malos EntendidosDonde viven las historias. Descúbrelo ahora