Cuando una pérdida se vuelve ganancia...-32-

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Estaba nerviosa; pero entre sus besos, palabras y caricias olvidaba el mundo.


Me besó y acarició desde la punta del pie hasta el último cabello en mi cabeza, asegurándose de no dejar escapar un solo centímetro de mi piel.

Solo éramos él y yo, hundidos en esa adictiva oscuridad; sumergidos entre mil palabras, impregnados por la poca luz de la luna que entraba sin permiso por la ventana.


Desabrochó mi brassier, por medio de un brochesito por la parte de enfrente, pero no me lo quitó, puso sus dedos enmedio de mi cuello, justo en ese huequito que él adoraba, luego los deslizó despacio hasta llegar enmedio de mis pechos y los acarició presionándolos un poco mientras mi respiración inundaba rompiendo el silencio de la habitación.

Miró unos instantes mi torso desnudo y me sonrió, me acarició de nuevo y me besó; su pecho también desnudo presionando el mío, sus besos húmedos, sus manos insaciables hacían olvidarme del mundo.


-Tu olor me enloquece- sentía su respiración excitada entre mi cabello y mi cuello.

Sus manos ya no eran tibias, su temperatura había aumentado al igual que sus movimientos.

Sentí como una de sus manos se deslizó hasta mi cintura, sin sentirla dudosa siguió bajando, despacio, mientras me acariciaba con la otra; sin prisas enganchó su dedo pulgar en el hilo de encaje que aún rodeaba mi cadera; deslizó el dedo de un lado a otro, y comenzó a bajar mi tanga, poco a poco.

Sentí mi corazón latir tan fuerte que estaba segura de que lo sentía al estar encima de mi. 

En unos minutos ya estábamos experimentando la agradable sensación de sentirnos completamente desnudos, de probar lo que era su pecho caliente acariciar el mío con su desliz.


-¿Estás bien?-


-Si- mi contestación fue más una exhalación que una palabra.


-Si quieres que me detenga...-


-No, claro que no, te amo...-


-Te amo preciosa-


Ahí entre frases y mil palabras de amor, me sentía completamente amada, feliz y un poco nerviosa, me besaba mientras nuestros cuerpos en paralelo terminaban de conocerse.


-¿Estás nerviosa?, si en cualquier momento quieres que me detenga... - repitió y yo asentí con la cabeza.

Cerré de nuevo mis ojos y me sumergí en un beso profundo.


Sentí como su pecho comenzaba de nuevo a deslizarse despacio, como un vaivén de arriba hacia abajo y mi respiración cambió de continua a pausarse segundo a segundo, como un suspiro a medias.

El dolor no era incómodo, al contrario, poco a poco con su sutileza y paciencia parecía desvanecerse y convertirse en placer.

Sus manos recorrieron mis brazos hasta llegar a mis dedos, los cuales abrió.

Por lo que me di cuenta de que estaba apretando sus sábanas.

Besó la palma de una de ellas y yo coloqué una en su espalda a modo de abrazo y la otra detrás de su nuca.


-Te amo, nunca haría nada que te hiciera daño, eres el amor de mi vida, ésta magia que existe entre nosotros va a perdurar por siempre- me dijo al oído y luego viéndome a los ojos, lo besé y sentí su sonrisa mientras lo hacia.


Y ahí, con la tenue luz iluminándonos parcialmente, nuestros cuerpos se entregaron por completo.


De algo estaba segura. No me arrepentía, nos amábamos y la noche era perfecta; todo salió mejor de lo que alguna vez pude imaginar que seria.

Era ya de madrugada, y él parecía soñar sonriente, me levanté, pero no me atreví a recorrer el cuarto desnuda, por lo que tomé la sábana y solo la puse alrededor de mi cadera y la detuve por enfrente de mi pecho con las manos.

Caminé hacia la ventana abierta y vi como la luna iluminaba mi anillo, volví a contemplarlo, definitivamente de todos sus regalos y sorpresas, esa era mi favorita, y cada vez que lo viera, vendría a mi mente esa noche.

De pronto sentí como un flash envolvía mi espalda y volteé sorprendida.


-¡Oye!- protesté.


-No te muevas- y de nuevo el flash.


-¡No!- volví a reclamar.


-Es para mi archivo personal- vi que algo escribía en su celular, por lo que me acerqué -las voy a subir a mis redes sociales- sonrió.


-¡No mi amor! mis hermanas te siguen, ¡no quiero risitas cuando las vea!- no podía creer que fuera a enviar fotos mías semidesnudas a todos sus seguidores.


-No preciosa, como crees, yo seré el único que te vea desnuda.-


-Prométeme, prométeme que seré el único que te vea así, el único que te haga el amor, tu único amor, que me vas a ser fiel por siempre- me suplicó con esa mirada que me derretía y que yo adoraba.

La respuesta a su pregunta posesiva ni siquiera la tuve que pensar.


-Si, tú fuiste el primero y serás el último, te lo prometo, y serte infiel ni siquiera es una opción en mi corazón.- Contesté sinceramente. -Me tengo que ir amor, es muy noche ya- agregué triste con la idea.


-Te amo preciosa, quédate- me abrazó y me recosté en su pecho.


-No puedo amor, perdóname- me puso nerviosa la sensación de convencimiento que tenía sobre mí, pero aun así, me negué.


-Dile a tu mama que te vas a quedar con Ángel- volvió a tratar de convencerme.


-No, no es tonta, sabe que hace mucho tiempo que no hago eso, desde que me regalaste la laptop no he tenido necesidad de hacerlo- volví a excusarme.

 
No pensaba quedarme esa noche a dormir ni ninguna por el momento, solo el imaginarme  despertar junto a él me hacia soñar, por lo que guardaría ese momento para otra ocasión.

Pero nada próxima.


-Te llevo entonces- me liberó de su abrazo no sin antes besarme de nuevo y apretarme junto a él.

........

Gracias x leerme.

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Malos EntendidosDonde viven las historias. Descúbrelo ahora