Audiovisual -4-

8.6K 209 2
                                        

Porque, a pesar de estar rodeados de personas, el silencio de nuestras miradas hablaba más que esas voces escondidas murmurando a nuestro alrededor.

Estábamos varios amigos reunidos en mi casa cuando una amiga sacó su laptop. Notamos que escribía mucho, sin ponernos demasiada atención.

—¡Libe! ¿Qué haces? Acá es la reunión... —le dijimos.

—Estoy escribiendo en mi blog. Cinco minutos más y termino —respondió sin levantar la cabeza.

—¿Blog? ¿Sobre qué? —pregunté, sorprendida.

—Sí, es como mi diario. Es mi forma de sacar el estrés sin restricciones de palabras, sin ofender directamente a nadie. Se siente bien hablar con nadie.

—¿Blog? —respondí en tono divertido—, ¿es como escribir una nota en tu celular, pero en alguna aplicación?

—Exacto, sé que suena un poco extraño, pero aún existen plataformas en las que puedes escribir sobre cualquier tema, sin necesidad de grabarme hablando, así, sin que nadie conozca ni sepa nada de mí, solo lo que yo escribo.

Esa misma noche aproveché que me encontraba sola en mi cuarto. En mi casa solo hay tres recámaras: una para mi mamá, otra para mi hermana mayor y la última para mi hermana menor y para mí. Así que, por lo regular, nunca me encontraba en silencio.

Empecé a investigar sobre esos blogs que describió mi amiga y decidí comenzar uno. No sabía bien qué era lo que quería escribir ahí, pero al cabo de una hora terminé mi primera entrada hablando solo de José: desde lo que sentí el primer día que lo vi hasta hacía unos días, cuando notó mi ausencia en el bar.

Al día siguiente me habló Ángel y fui por él a su escuela. En cuanto me vio, me tomó de la mano, como de costumbre, y caminamos rápidamente hacia el audiovisual.

—¿¡Hola!? ¿¡Cómo estás!? —dije con divertido sarcasmo mientras tropezábamos con la gente.

—Necesito que entres a una exposición conmigo.

—¡Qué! ¡Ay, no, qué aburrido! ¿Cómo crees? Te espero en el carro —dije haciendo gestos.

—¡No! Ven, acompáñame. Me tienen que sellar tres entradas para poder irme y solo me falta esta —dijo, poniendo sus ojos suplicantes.

—¿Cuánto duran?

—Unos veinte minutos o menos. Te conviene, entra ya.

Entramos y las luces ya estaban apagadas, así que nos quedamos un momento en la entrada hasta que nuestros ojos se adaptaron un poco a la oscuridad. Después avanzamos lentamente.

Ángel caminó hasta la primera fila sin soltarme de la mano y nos sentamos.

Estaban terminando de anunciar al siguiente ponente mientras yo acomodaba mi bolso sobre el abdomen y cruzaba los brazos alrededor de mí.

Entonces lo escuché hablar.

Levanté la mirada y lo vi.

Era José.

Vestía una camisa blanca y un pantalón de vestir negro, con el cabello peinado hacia atrás.

—¿Qué? —murmuré, sonriendo. Volteé hacia Ángel y le agradecí con una sonrisa mucho más grande.

Ahí lo tenía: vestido semiformal, con zapatos negros perfectamente boleados. Y yo, con una sonrisa que no podía disimular. Hasta que me vio. Y me devolvió la sonrisa. Su sonrisa torcida, esa que tanto me gustaba.

Toda la exposición pareció dirigida a mí. Fue como si nadie más estuviera en esa gran sala oscura, como si solo existiéramos él y yo. Terminó de exponer. Hubo algunas preguntas del público y, antes de irse, me dedicó una rápida sonrisa.

Esa noche escribí con detalle en mi blog: las miradas, la sensación de tenerlo a dos metros de distancia y no poder tocarlo... pero, sobre todo, describí su sonrisa.

.....

¡Hola, gracias por comenzar la lectura conmigo!

¡No se te olvide votar!

Malos EntendidosDonde viven las historias. Descúbrelo ahora